Cultura

“Necesitamos la belleza y la esperanza de la música en vivo”

Dácil López es una cantante y compositora portuense que creció y se formó en Barcelona. / Inma Martín

A unas pocas horas del concierto que tenía previsto celebrar este jueves en el Puerto de la Cruz junto a Della Du, Encuentros y Desencuentros Vocales. Música por la Igualdad, y preparándose para la cita del sábado con el Festival Peñón Rock, la portuense Dácil mantuvo esta charla con DIARIO DE AVISOS, una conversación en la que habló de la música que le inspira y también de la que crea, de ser cantante en tiempos de coronavirus y de las limitaciones a las que, aún hoy, deben hacer frente las artistas por el solo hecho de ser mujeres.

-Una portuense criada en Barcelona. ¿Influye en su carrera esa mezcla atlántico-mediterránea?
“De algún modo, sí. En Barcelona está la Escuela Superior de Música de Cataluña y tuve la oportunidad de estudiar con algunos de los mejores músicos catalanes, de toda España y del extranjero: jazz, composición y voz. Tanto en las Islas como allí hay muy buenos profesionales. De hecho, en Cataluña trabajan muchos músicos canarios. Barcelona es muy cosmopolita, confluye gente de muchos lugares y eso supone también que sea muy interesante en cuanto a formación musical. De todas formas, yo de corazón y de temperamento soy más canaria que catalana. Me gusta pensar que poseo lo mejor de cada sitio”.

-Pop, rock, jazz… ¿Siempre tuvo claro que su música tenía que discurrir por esta variedad?
“Soy muy inquieta, algo que viene de mi padre, que es un artista tinerfeño. En esa inquietud por conocer y aprender me ha interesado la música afroamericana, el soul, el blues, el rhythm and blues… El rock también, en tanto que bebe de fuentes afroamericanas, al igual que el jazz. Hay artistas de pop que me han influido mucho, como David Bowie, por su eclecticismo y su naturaleza camaleónica. Siempre hay dos vertientes en mi necesidad creativa: una en la que trato de profundizar, de intentar dominar los estilos con los que trabajo, en este caso el rock, pero procurando llevarlo más allá, hacia el jazz y el pop, y otra que, básicamente, me planteo como una búsqueda”.

-Las etiquetas nos sirven para identificar, pero muchas veces empobrecen lo que identifican. ¿Cómo definiría su música?
“Ahora mismo se me podría considerar una artista pop-rock. He vuelto un poco a mis raíces, tras una etapa basada en absorber conocimientos. Esto se aprecia en mi último disco (Mamma Shark, 2018), en el que también creo que se refleja bastante mi personalidad, mi propio estilo”.

-A la hora de componer, cuando surge una idea, ¿la música y la letra le van diciendo la forma, el estilo que mejor le va, o todo es un proceso mucho más consciente, premeditado?
“Lo habitual es que la idea se desarrolle y tienda hacia un género en concreto. Aunque sí que hay canciones en las que afronto un ejercicio de producción, y la pruebo en diversos estilos. De hecho, hay un tema con el que llevo así varios años. Aquí también entra el trabajo del productor, que aporta una visión externa y, dependiendo, por ejemplo, del concepto global del disco, va perfilando las canciones más hacia un sonido o hacia otro. Ahora mismo preparo un nuevo disco y hay algún tema con el que experimento. Me gustaría trabajar con una mujer de productora, pero me estoy dando cuenta de que es muy difícil. Si ya hay pocas instrumentistas mujeres, en la producción son aún más escasas. Casi hay que hacer un trabajo de investigación para hallarlas”.

“Tras el encierro por la pandemia, mis conciertos tienen una sensibilidad y una fuerza enormes”

-El concierto de este jueves en el Peñón Rock se titula Encuentros y Desencuentros Vocales. Música por la Igualdad. ¿A qué responde que en la música aún haya una barrera que impide que las mujeres tengan igual protagonismo que los hombres?
“En la mayoría de los casos, no creo que sea una cuestión de mala fe, sino de una discriminación inconsciente que, sea como sea, hay que hacerla visible y empezar ya a darle la vuelta. En la escuela superior de música en la que me formé estudiaban tantas mujeres, o más, como hombres. Pero luego, en la industria musical, quienes se encargan de programar conciertos, que supongo que también son hombres, no suelen tener en cuenta a la mujeres. Así que yo participo esta noche [por ayer] en la Sala Andromeda en un concierto junto a Della Du, pero también lo haré el sábado en el Festival Peñón Rock. Lo contrario sería una incoherencia. El concierto por la igualdad es una idea preciosa y muy importante, pues aún es necesario reivindicarla, pero si no actuase el sábado esa misma idea se desvirtuaría por una especie de segregación”.

-El coronavirus ha golpeado con fuerza a la cultura, entre otros muchos sectores. ¿Cómo ha vivido el confinamiento y todo lo que ha venido después?
“Está siendo todo muy duro. El confinamiento lo viví con cierta ansiedad, ha supuesto un shock para todos. Pero también ha sido un tiempo de introspección que me ha hecho valorar más lo que tengo. Los conciertos que han venido después están llenos de una sensibilidad y una fuerza enormes. Lo que sí considero un error es pensar que hoy la cultura per se posee un peligro potencial. Al contrario: si se adoptan todas las medidas sanitarias en los conciertos, por ejemplo, es uno de los ámbitos más seguros que existen. Además, la gente necesita volver a respirar a nivel anímico y disfrutar con la belleza, la energía y la esperanza que aporta la música. De lo contrario, tendremos que ir masivamente al psicólogo”.

-La industria musical no para de transformarse. Ahora que la música digital es el modelo, ¿es casi una proeza ya solo plantearse sacar un nuevo disco?
“Sí, lo es. Hasta diría que es una vocación espiritual, porque es una inversión muy importante que nunca sabes si recuperaras. En fin: esta es mi vocación y no podría vivir sin ella. Soy muy feliz en el proceso de crear un disco, es duro, pero a mí, en muchos sentidos, me vale la pena. De igual modo, también creo que este es el momento, pese a todas las dificultades, de fomentar la música en directo. Es como las relaciones virtuales: puedes conocer a alguien por Internet y sentirte muy cercano a esa persona, pero nunca será lo mismo que sentarte con alguien a tomar un café y conversar. La tecnología no se detiene y tampoco debe hacerlo, porque aporta cosas muy buenas. Aunque también las hay mejorables, como Spotify, que paga una miseria a los músicos… El directo será siempre una experiencia insustituible”.

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