Cultura

“No elegí el oficio de periodista; llegó y poco a poco entró en mis venas”

La Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife ha distinguido a Juan Carlos Carballo con el Premio Patricio Estévanez y Murphy. / DA

La Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife (APT) ha distinguido al periodista Juan Carlos Carballo Marrero (Santa Cruz de Tenerife, 1945) con el Premio Patricio Estévanez y Murphy. Con ello quiere reconocer la trayectoria de un profesional que observó en primera línea el devenir del Archipiélago durante casi 40 años. Primero en Jornada Deportiva, luego en El Día y más tarde, y sobre todo, en la agencia EFE, además de incursiones en la radio y en distintas publicaciones.

-Más de tres décadas de periodismo en Canarias. ¿Cómo ha evolucionado la profesión?
“La radio y la televisión daban la noticia y el periódico la comentaba y la desarrollaba al día siguiente. Era necesario acudir a la prensa para saber más. Hoy la televisión y la radio informan de la noticia, la comentan, la analizan y organizan tertulias. Es difícil que ahora los jóvenes compren periódicos y, por otro lado, la labor del periodista se ha transformado”.

-¿Y cuáles diría que han sido los cambios más significativos que han vivido las Islas?
“Son muchos, pero quizás uno de los más relevantes cuando yo hacía información es el que tiene que ver con las islas no capitalinas. Existían las mancomunidades de cabildos, que agrupaban a las corporaciones insulares de cada provincia. Las presidencias las ocupaban quienes estuviesen al frente del Cabildo de Tenerife y el de Gran Canaria, y los del resto tenían poca voz. Sin embargo, un día las islas no capitalinas, que se sentían maltratadas, dijeron basta, a través de personalidades como Tomás Padrón, en El Hierro, o Gregorio Guadalupe, en La Palma. Ahí comenzó el fin de ese totalitarismo y, a través de los fondos de compensación, las islas menores recibieron más recursos y empezaron a crecer”.

-¿Qué noticias de las que ha cubierto son las que le vienen primero a la cabeza por su importancia o por cualquier otra razón?
“Casi siempre recuerdas las más luctuosas, como los accidentes de aviación. Son las más impactantes y supusieron un trabajo intenso, de días casi sin dormir… Pero me acuerdo de otras muchas. Del Mundial de Fútbol de España 82, que cubrí en la sede de Sevilla. De cuando el Gobierno regional colocó en 1995 una pancarta en la Gran Muralla China, con el eslogan Canarias, naturaleza cálida, y fuimos enviados por EFE el fotógrafo Fran Pallero y yo. Con solo dos personas, todos los medios de comunicación del mundo abonados a la agencia tuvieron esa información. También cubrí una visita al extranjero del presidente del Gobierno regional y éramos una comitiva tan pequeña que pude saludar al secretario general de la ONU”.

Imagen de la promoción de Canarias en la Gran Muralla China, en 1995. / Fran Pallero

-Ha trabajado sobre todo en EFE, pero también en prensa y en radio. ¿Era muy diferente su labor dependiendo de cada medio?
“Trabajar para una agencia es distinto a hacerlo para un periódico o una emisora de radio. Haces información anónima, aséptica, sin comentario, sin opinión. Me gustaba mucho eso de explicar en cuatro párrafos lo que ha pasado, sin ningún adorno o impresiones personales”.

-Hace tiempo que se habla de la precariedad en la profesión. Con la experiencia que posee, ¿cómo ve usted las cosas?
“Son situaciones diferentes. Cuando comencé, en los periódicos mandaba el director. Había una empresa detrás, pero estaba para la gestión administrativa. Eso hoy es difícil, pues las empresas suelen emplear ese medio de comunicación para defender sus intereses: económicos, políticos o de otro tipo. El periodista sabe qué es lo que tiene que escribir y va un poco encorsetado. No tiene la libertad de la que gozaba antes, y no es que hiciera lo que le daba la gana. Ya en mi época en EFE a veces no se difundía lo que enviabas porque la línea del periódico no iba por ahí”.

-¿En algún momento echa de menos la profesión?
“Si tuviera que volver a empezar, pagaría por hacer lo que hice. Aunque, claro, lo ideal es que te paguen por tu trabajo [ríe]. No elegí este oficio, llegó y poco a poco entró en mis venas. Estoy satisfecho y creo que cometí los errores normales. Nunca busqué cargos. Prefería ser el segundo de abordo, aunque las circunstancias me llevaron a ser delegado de EFE en Santa Cruz de Tenerife y en Canarias. También es una satisfacción haber conocido y trabajado con tantas personas. Siempre me gustó contar las cosas. No sé si eso viene de cuando era niño y me ponía a escuchar a mi abuelo cuando se sentaba a conversar con los vecinos. Escuchaba y luego contaba a la gente lo que decía otra gente. Que eso es el oficio, al fin y al cabo. Y si no desvirtúas esa información que transmites, debes contarla. Más de una vez recuerdo estar de delegado en la agencia y un redactor, tras regresar de una rueda de prensa, decirme: “Esto no se puede publicar, lo que ha dicho esta persona es muy fuerte”. Yo le replicaba: “A ver, ¿lo ha dicho?”. “Sí”. “¿Con insultos?”. “No”. “Entonces escribe todo lo que dijo”. Y no pasaba absolutamente nada, porque al escribir la noticia no volcábamos nuestras opiniones. Nos limitábamos a relatar lo que había sucedido”.

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