Politica

Cada voto cuenta y Trump lo sabe

Joe Biden y Donald Trump. DA

Las elecciones generales cerraron las urnas el 3 de noviembre y, todavía, días después, Estados Unidos no puede declarar un vencedor definitivo.

Con la diferencia horaria es difícil anticipar resultados en unas elecciones tan reñidas y en las que pueden pasar largas horas sin movimientos para, en cuestión de segundos, todo ponerse en marcha.

Sin un sistema federal que coordine y anuncie los resultados en cada estado, la nación depende de los medios de comunicación para anunciar los resultados a medida que se van escrutando los votos. Son, por tanto, las salas de redacción las que van determinando qué estado va ganando y quien, a partir de los datos que van proporcionando los condados, e irlos computando.

Tradicionalmente es AP, The Associated Press, la fuente de la que se surten la mayoría de los canales de televisión, estaciones de radio, la prensa y las publicaciones digitales. Las redes sociales, como viene siendo habitual, dan a conocer la información con mayor rapidez a medida que se celebran ruedas de prensa o las mismas campañas y candidatos envían sus mensajes. Es por esa razón que si bien la mayoría de los medios anunciaban ayer que el exvicepresidente Joe Biden había ganado en Arizona sumando 264 votos de colegios electorales siguiendo el ejemplo de AP, otros decidieron esperar teniendo en cuenta que el porcentaje de votos escrutados no sellaba esa ventaja.

En ese contexto, Joe Biden, por delante del presidente Trump en Arizona, solo necesitaba ganar Nevada (seis votos) para conseguir los 270 necesarios para mudarse a la Casa Blanca. Y en Nevada, Joe Biden va (o al menos iba al cierre del DA) ganando por poco, pero con una diferencia que se iba ampliando con el paso de las horas.

En Georgia, Biden daba un salto también: de estar a una distancia considerable del presidente en los conteos del martes y miércoles, una vez que los votos del condado Fulton (que tuvo que demorar el proceso por una tubería rota) empezaron a ser tabulados y a favorecer al demócrata.

Una vez más, y como viene siendo la norma a través de la Unión Americana, las zonas rurales se decantaban por Trump, mientras los núcleos urbanos, generalmente más progresistas, se inclinaban por el partido azul. Y Fulton, recordemos, está en Atlanta, la capital de Georgia. Los votos por correo también empezaron a ser computados más tarde, reduciendo la distancia de forma considerable, y poniendo al sureño estado (16 votos) al alcance de la mano de Biden.

Otro de los estados decisivos es Pensilvania, que empezó dando esperanza a los republicanos tras el conteo de las papeletas entregadas en persona situando a Donald Trump prácticamente a años luz de su rival, pero poco a poco se fue coloreando de tonos demócratas el mapa local a medida que se contaban los votos por correo.

Anoche la distancia era de 14.000 votos, con más de medio millón (presumiblemente liberales) que quedaban por contar. La campaña de Biden se mostraba confiada de que al final saldrían victoriosos en el estado de nacimiento de su candidato, quien llegó al mundo en Scranton, Pensilvania.

Carolina del Norte y Alaska aún no habían sido asignados, pero son tradicionalmente rojos, pocas sorpresas hay que esperar.

¡PARAD DE CONTAR!

El presidente Trump en la noche de las elecciones invitó a 400 personas a la Casa Blanca para celebrar su victoria. Durante el día, el número de convidados se redujo a la mitad, y, según los resultados se iban destilando, los presentes daban por sentado que su anfitrión iba a ganar. Acostumbrado a fanfarronear, el presidente no defraudó a sus invitados y en conferencia de prensa para todo el país y el mundo entero anunció de forma prematura y falsamente que había ganado las elecciones, acompañado de los vítores de su familia y amigos presentes en el salón.

Pero el tono empezó a volverse sombrío, y, mientras el aspirante Joe Biden aconsejaba paciencia y calma hasta que todos los votos fueran contados, Trump, como había prometido, iniciaba su retahíla de amenazas legales. Convirtiendo a Estados Unidos en una versión casi distópica de una república bananera, Donald Trump no solo incitó a sus seguidores a retar a las autoridades electorales sobre el proceso, sino que forjó el descrédito sobre la legitimidad de los comicios (mientras el mundo observaba con horror), y en aquellos estados en los que iba ganado exigía que se dejaran de computar los votos, mientras en los que tenía oportunidad de aumentar su ventaja demandaba que se siguieran contando. En Twitter y en cámara, el presidente gritaba “dejad de contar los votos”, aventurándose a declarar que los votos llegados después del cierre de las urnas no serían contabilizados. Asimismo, atacaba, abiertamente, a la democracia de la nación que orgullosamente ha mostrado la Estatua de la Libertad y que poco podrá presumir si Trump se sale con la suya.

El plazo se alarga

Tal vez hoy obtengamos algunos resultados. Anoche, el director de la agencia electoral de Nevada advertía de que quedaban muchos votos por contar, que posiblemente los primeros resultados saldrían durante el fin de semana, y que los seguirían contando hasta el 12 de noviembre, según las leyes del estado. No nos confundamos, no son nuevos votos, son votos matasellados antes del 3 de noviembre, que hay que subsanar por un defecto de forma, y poco más.

En un país tan grande, con muchos ciudadanos que viven en el exterior (como mi familia y yo), y con miles de efectivos militares destacados alrededor del planeta (una vez más, el caso de mi familia, por citar un ejemplo), el proceso es exhaustivo.

Los votos son firmados y estas firmas hay que comprobarlas (Estados Unidos no tiene carnet de identidad y el sistema se basa en los datos de registro), lo que hace que el proceso sea, además, tedioso. Pero legal.

Joe Biden y su campaña, teniendo en cuenta las exigencias de la COVID -porque a Trump se le olvida que estamos en una pandemia, y en estos días, el número de contagios en Estados Unidos sobrepasan los 100.000 diarios-, pidieron a los electores que votaran por correo o de forma anticipada donde fuera posible, para evitar las largas filas de horas que se forman el día de las elecciones, y más en 2020 con tanto en juego. Por esa razón, muchos de los votos por correo son demócratas, y empiezan a contarse después de los votos presenciales, que no está por demás decir ,que son mayormente republicanos, a los que ni les importa enfermarse (vistos los mítines del señor Trump), ni creen que sea posible.

En Pensilvania quedan cientos de miles de votos por contar: todos por correo. La misma situación en Nevada, y en Arizona hay condados como Maricopa, que pueden esconder alguna sorpresa y donde grupos armados han tratado de impedir el conteo de votos, generando situaciones de tensión.

Cada estado tiene leyes electorales diferentes y, en algunos, los fondos para contratar a más personal simplemente no existen.

Hoy, o durante el fin de semana, podría sobresalir uno de los candidatos, pero los resultados finales, totales y definitivos no estarán disponibles, al menos, hasta el viernes que viene, y en aquellos en los que el presidente Trump consiga llevar a juicio, los resultados podrían tardar un mes más.

Si el presidente no admite la derrota

Todos los presidentes estadounidenses de la era moderna han admitido su derrota y concedido la victoria a su rival una vez el ruido de las elecciones cesa y se entiende que la democracia ha hecho su trabajo: le guste o no le guste, su contrincante ha ganado. Unos los han hecho mejor que otros. Sin duda es un trago amargo, pero la mayoría lo han hecho con gracia, con clase y, sobre todo, anteponiendo el país a sus propios intereses, llamando a la unión, la solidaridad y respaldando al nuevo mandatario.

No nos engañemos. Estas elecciones no están decididas y cualquiera de los dos candidatos opta todavía a proclamarse vencedor. El discurso conciliador que ha venido demostrando Joe Biden será su estandarte tanto si gana como si pierde.

Donald Trump es harina de otro costal. Si el presidente consigue la reelección su discurso será divisivo, se burlará de la mayoría del país que no votó por él (ya Biden ganó, y por mucho,  el voto popular), y se crecerá en su burbuja de textura autoritaria. Si pierde, no lo aceptará, buscará la manera de pelearlo, haciendo las trampas y maniobras que considere necesarias. No dejará títere con cabeza y, si se hunde, buscará hundir a la nación consigo. No concederá la victoria a su oponente con un gesto de grandeza y no importará, porque no es requisito necesario que lo haga para proclamar presidente a su rival.

Aún queda camino por recorrer, es posible que a lo largo del día surjan nuevos resultados que alienten a uno u otro lado, e incluso que se decida la suerte de la nación, pero si no es así y hay que esperar, cada voto cuenta, la paciencia es necesaria, hay que hacer el trabajo bien hecho y tener confianza en que lo que sucede, conviene.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba