Sociedad

Nada mejor que la gente para torcer a gobiernos incompetentes

Fran Pallero

El segundo día de los plenos del Parlamento, que normalmente se celebran cada dos semanas, suele ser una jornada más relajada donde a veces quedan las brasas de los debates del día anterior. Los diputados alternan la sesión con la negociación de enmiendas o la charla relajada en los pasillos. Y cuando hay que votar alguna cosa, suena la campana y salen corriendo hacia el hemiciclo, ahora dividido en dos salas, para apretar el botón que les dice el portavoz. Ayer, junto a este sol de noviembre, cada vez más desértico, como si nos hubiéramos convertido definitivamente en parte del Sahel, algunas personas comentaban, preocupadas, lo que había ocurrido Gran Canaria el día anterior, con los 227 migrantes que fueron desalojados del muelle de Arguineguín y lanzados a la calle sin recursos, enviados por la alcaldesa de Mogán a Las Palmas en varias guaguas que los dejaron frente a la Delegación del Gobierno, y realojados cuando ya era noche cerrada. Con ese panorama, el presidente, Ángel Víctor Torres, compareció ayer en la biblioteca, donde empezó con la digitalización y acabó hablando de migración. Torres pidió responsabilidades por lo ocurrido -algo ”inadmisible”- y “soluciones”, en lugar de “visitas” ministeriales.

Hace unos días, fuentes del Ejecutivo autónomo eran más comprensivas con el ocultismo del Gobierno central en las cifras de derivaciones, presionados por la U.E, más preocupada en deportar. Pero ayer, Torres fue claro: los migrantes no pueden “quedarse en zona fronteriza [porque] no podemos nosotros solos, es imposible”. Hay que compartir la carga migratoria entre comunidades y evitar que ocurran las aberraciones de los últimos tiempos. Euskadi ya se ha mostrado dispuesta a ayudar.

En nuestra contra tenemos los precedentes. Lesbos y Lampedusa llevan años siendo islas-cárceles sin que nada haya cambiado sustancialmente hasta ahora, con el desinterés de los países europeos y de gran parte de sus sociedades, incluida la de estas pequeñas islas afroeuropeas en las que vivimos. A nuestro favor, que aquí hay dos millones de habitantes, no 115.000, como en Lesbos. O 6.500, como en Lampedusa. Y que se puede armar. A izquierda y derecha hay una opinión compartida de que la situación es inaceptable. En incluso las organizaciones autonómicas de los dos partidos estatales gubernamentales del Estado, PSOE y Podemos, critican ya abiertamente la política del Gobierno central. En medio, el líder del PP, Pablo Casado, anunciaba un viaje a las islas para ver la situación. Eso es bueno, es el eco mediático: la gente comparte información, colabora, periodistas, ONGs, abogados, activistas: ‘Esto es una buena historia’. O ‘No nos dejan dar asistencia a los migrantes’. O ‘No nos dejan informar’. No todo es una mierda. La gente se mueve, lleva comida y bocadillos a los migrantes abandonados en la calle.

Pero esto no ha hecho más que empezar, Canarias será siempre territorio de frontera, a pesar de que nos olvidáramos durante unos años relajados. Esta semana, la diputada autonómica de CC Cristina Valido, planteaba la necesidad de elaborar un plan de atención a los migrantes e impulsar una política de cupos y derivaciones transparentes. Plantear soluciones, no ser pasivo “La Comunidad Autónoma de Canarias participará en las decisiones del Estado sobre inmigración con especial trascendencia para Canarias”, dice el artículo 144 del Estatuto de autonomía canario. Algo se le podrá arrancar al Estado.

CC pedía ayer la convocatoria de un pleno extraordinario para hablar de la situación migratoria. Interesante. Pero mientras, Ana Oramas activaba el chip peronista y hablaba y mezclaba  los problemas de Canarias y la falta de comida de algunas personas con los padecimientos de los migrantes que llegan. Hay que hilar fino. E invocaba el fantasma del MPAIAC para que el Estado nos haga más caso. Algún periodista madrileño despistado lo interpretó como una hiperbólica veleidad independentista, pero Oramas pedía más España. “¿No somos españoles? ¿No somos europeos?”, clamaba. Igual que hizo el senador Clavijo por la tarde. “El Estado nos abandona”. Pero lo repiten tanto, tantas veces, en tantas situaciones diferentes, que han perdido pegada. Con ese aire de cansina dependencia colonial que nos hace parecer sujetos pasivos. De Madrid. Y de ellos, élite viejuna.

Y mientras todo esto ocurría, otro grupo de migrantes quedaban varados en Santa Cruz intentando viajar a Huelva, pero con problemas de documentación. Más caos de Marlaska. Pero al mismo tiempo, los abogados de oficio de Tenerife discutían cómo mejorar la asistencia jurídica a los migrantes. Es la sociedad civil, la gente que se mueve, que cambia las cosas, que denuncia.

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