Sociedad

Llegan a Tenerife los primeros, y por ahora escasos, turistas con PCR

Muy pocas personas llegaron ayer en el vuelo de Glasgow. Sergio Méndez

Una buena manera de entender la volatilidad del momento es sentarse en alguno de los banquitos del aeropuerto del sur a contar turistas cada 15 días. A principios de noviembre, cuando Alemania y Reino Unido levantaron vetos y recomendaciones de no viajar a Canarias, porque la incidencia acumulada de la pandemia se colocaba en menos de 50 casos por cada 100.000 habitantes, aquello era un hervidero de reservas de última hora y esperanzas de sol otoñal en medio del Atlántico. Ayer, con las restricciones europeas por todo lo alto, los vuelos del extranjero llegaban escasos, como esas gotas de grifo viejo mal cerrado que caen sobre el fregadero cada cinco minutos. Dentro, los primeros turistas con la PCR obligatoria exigida por el Gobierno central para entrar en España a quienes vengan de países en situación de máximo riesgo. Entre ellos, EE.UU. y toda la UE, salvo Finlandia, Noruega y Grecia. Se puede hacer la prueba hasta 72 horas antes del vuelo.

Hace pocos días, el 14 de noviembre, el Ejecutivo autónomo canario puso en marcha su propio sistema de control, exigiendo PCR o un test de antígenos a los turistas para poder alojarse en un establecimiento. Si no lo traían, se les decía dónde hacérselo. Esta normativa se solapa ahora con la estatal, que por ahora no permite el test de antígenos, sino solo la PCR. Aunque el presidente del Gobierno canario, Ángel Víctor Torres, afirmó ayer que espera que el 1 de diciembre ya estén armonizadas ambas normativas y se acepte el test de antígenos, con la previsión de que Inglaterra, mercado principal para el turismo canario, se desconfine al día siguiente. La patronal hotelera está inquieta, porque ve que la exigencia de PCR, difíciles de hacer en algunos países, frena las reservas. Después de meses pidiéndolos por todos lados: cuidado, que los sueños se pueden convertir en realidad…

Por ahora no hemos llegado al momento-antígeno y, ayer, los turistas tenían que enseñar a la entrada, en el control sanitario donde se les toma la temperatura, un documento que España exige a los viajeros donde se les pregunta si tienen una PCR negativa. Aleatoriamente, a algunos se les pedía también que enseñasen la certificación de la prueba PCR. No traerla hecha puede suponer una multa de hasta 6.000 euros. Aunque hay una zona donde se hacen test de antígenos a los incumplidores. También se les ofrece la posibilidad de que se hagan la PCR en un plazo de 48 horas. A las personas que muestren síntomas en el control sanitario, aunque no vengan de una zona de riesgo, se les puede hacer un test de antígenos.

“Me parece un poco complicado todo esto de la PCR”, decía ayer Hans, sesentón de Múnich, con sombrero panameño y gafas de editor del Die Zeit. Va a estar cinco días en un hotel de Las Américas. Dice que es la primera vez que viaja desde el inicio de la pandemia. “Yo creo que es mejor que empiecen a hacer los test de antígenos. En 20 minutos ya sabes el resultado”, explicaba.

Julian y Vera, jóvenes de aspecto sano, venían de Dusseldorf a pasar cuatro semanas de vacaciones viajando por Canarias. No les resultó difícil hacerse la PCR allá. “Nos la hicimos el sábado por la mañana y nos dieron el resultado ese mismo día por la tarde”, contaba Julian. “Hay un montón de sitios privados que están haciendo un buen negocio con esto de las PCR”, afirma. “En la pública solo te la hacen si tienes síntomas”, explicaba Vera. “Hemos venido porque Canarias es de los sitios donde nos dejaban viajar. De todas maneras, no estamos preocupados, los dos somos sanitarios y sabemos bien lo que hay que hacer, evitar sitios con demasiada gente, estar en lugares aireados…”.

Doring y Jean Marie venían de Bélgica y se van a quedar nueve días en Adeje. Ya han venido muchas veces. “Cuando nos enteramos de que había que hacerse la PCR, pensamos en suspender el viaje. Te asustas un poco, no te hace sentir muy tranquila”, contaba Doring. “Pero luego hablamos con otros amigos belgas que ya estaban aquí y nos dijeron que la situación estaba bien aquí, que no nos preocupáramos”.

El suizo John fumaba un cigarrillo ansioso después del vuelo, agarrado con el índice y el pulgar, como hacen los detectives. Aunque, en realidad, se parecía e Emir Kusturica, que tiene ese aspecto de haber salido de una larga siesta de resaca con la ropa puesta. Va a estar una semana en Tenerife. “Me hice el test el sábado. Pero sí es verdad que es un problema. Yo andaba preocupado con si los resultados me llegarían a tiempo”.

Kyle, escocés, llegaba ayer en un vuelo que venía de Escocia. Se va a quedar seis noches en el sur de Tenerife. Es la primera vez que viene a Canarias, atraído por el hecho de no tener que hacer cuarentena al volver, al ser considerada una zona segura. “Es un inconveniente lo de la PCR. Allí no hay muchos sitios privados para hacerte la prueba. De hecho, yo estuve pensando en no venir”, contaba. “No tengo miedo a viajar, estoy tranquilo.Los índices son bajos aquí. Y el avión venía bastante vacío. Era fácil evitar a la gente”, contaba.

“Había solo 26 personas”, contaba una trabajadora de Jet2 que estaba recibiendo a los viajeros. “Es el único vuelo del día. Normalmente viene también uno de Glasgow y otro de Edimburgo. Pero hoy no”, explicaba. “Si la gente quiere viajar, se tendrá que hacer el test que se les pida, ya está. En todos los lugares se va a terminar exigiendo. Además, el sitio se convierte en un lugar más seguro”.

Cuando casi todo el mundo se había ido ya, a una hora de que aterrizara un vuelo de Alemania, el cubano Yosbel, nacido en Sancti Spíritus que salió de su país en 2000 y bien conoce una crisis, estaba con su cartel de Taxi esperando que algún despistado saliera por ahí.

“Noviembre ha sido fatal. Cuesta un montón hacer 20 o 30 euros un día”, comentaba. Hay 191 taxis en Granadilla y ahora no trabajan más de dos o tres días a la semana para repartir lo poco que hay entre todos. “Aquí, las crisis se sienten más por las cosas que tienes que pagar, como la casa. En Cuba es más porque tienes que estar buscando cómo conseguir las cosas en el día a día. Pero por la casa no te tienes que preocupar”. Fuera, Ismael llevaba desde las 8.30 haciendo guardia con el taxi. Ni una carrera. Tres horas esperando. “La verdad que da pena, no se ve ni un alma”, afirmaba. “Mi madre trabaja en un hotel. En cuanto se acotaron los viajes otra vez, los mandaron de nuevo al ERTE”, decía. “Y ahora, con esto de las PCR, dicen que algunos no van a venir… De todas maneras, hay que hacer controles”.

Las vacaciones. Sergio Méndez

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