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“¿Qué quiere, que traigamos aquí al señor Ábalos y le cortemos un dedo para que lo vean ustedes?”

El consejero de Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad, Julio Pérez, durante el pleno de ayer. Fran Pallero

La crisis migratoria en Canarias reparte dilemas para todo el mundo: al Gobierno autónomo le exige pensar nuevas vías de exigencia al Estado si persiste la sensación en Canarias de que la presión migratoria es insoportable. A CC la obliga a salir de su insuficiencia teórica, porque el mantra de un Ejecutivo isleño sumiso ante Madrid, eje fundamental de su discurso, casa mal con la imagen del presidente Torres apercibiendo a los ministros españoles por su falta de soluciones. Al PP canario lo obliga a moverse del seguidismo paralizante de la dirección central de Génova, que lo ha convertido en una organización sin voz propia en el Archipiélago.

“Es imposible que Canarias sea el muro de Europa a la migración que llega”, afirmó ayer de nuevo Torres durante las preguntas al Gobierno, donde afirmó que no habrá “fisuras” en este planteamiento que exige la corresponsabilidad europea y española. La portavoz socialista, Nayra Alemán, reconoció el “dolor” que le produce la falta de sensibilidad que ha tenido sobre el tema su partido a nivel estatal. Lo hizo durante la comparecencia vespertina del consejero de Administraciones Públicas, Seguridad y Emergencias, Julio Pérez, que volvió ayer a ejercer de portavoz gubernamental en materia migratoria.

La beligerancia del PSOE canario debe haber pillado con el pie cambiado a CC: la diputada de CC, Socorro Beato, recordó ayer el hecho contrastable de que su grupo lleva hablando sobre esta cuestión desde hace un año, advirtiendo de su agravamiento. Pero obvió la contundencia de Torres en los últimos tiempos, y dijo de él que rozaba “la ingenuidad” y había sido “humillado” por no habérsele permitido ir junto a Marlaska en el viaje del ministro a Marruecos. También afirmó que “el PSOE y Podemos de aquí son lo mismo que el de Madrid”, con NC y la ASG de “cooperadores necesarios”.

“¿Qué quiere, que zarandeemos al señor Ábalos, que lo traigamos aquí y le cortemos un dedo para que lo vean ustedes?”, le respondió con ironía Julio Pérez, que recordó que todos están “de acuerdo” en que lo de Arguineguín no tiene un pase y en que el Gobierno español no lo ha hecho bien. Aun así, afirmó que unos 10.000 migrantes han abandonado las islas. Eso sí, con esa política poco transparente del Ejecutivo central, que cree que publicitarlo alienta la inmigración irregular. Para ilustrar la complejidad de la situación, mencionó que se prevé el movimiento de 50 millones de africanos en los próximos 20 años. Y que la juventud africana siente una especie de “desbordamiento emocional” que la impele a dejar sus países, entre la implosión del islamismo y el fracaso de las primaveras árabes. Pérez criticó también la “simplificación” del diputado popular Manuel Domínguez, que acusó al Gobierno autónomo de “traidor a Canarias”. Por la mañana, la líder del PP canario, Australia Navarro, pidió derivaciones, contraviniendo, por una vez, la posición del PP estatal, que solo habla de deportaciones. El portavoz de NC, Luis Campos, pidió activar “la vía judicial” si el Gobierno estatal no responde con más derivaciones.

Pero no solo de migración vive el debate parlamentario, y ayer se habló de otras muchas cosas. Entre ellas, hubo un debate muy interesante sobre el futuro de las exportaciones agrícolas tras el brexit, especialmente del tomate, un sector histórico que da trabajo, entre empleos directos e indirectos a 4.500 personas. La diputada Nieves Lady Barreto, de CC, pidió al Gobierno generar “certidumbres” al sector, y no esperar a ver si el brexit termina con o sin acuerdo. Barreto es una diputada interesante, habla con conocimiento, no repite meras consignas, y uno se pregunta por qué interviene tan poco. La consejera de Agricultura, Alicia Vanoostende, le contestó que ya están logrando certidumbres con la consecución de ayudas a la comercialización, y que también hay un plan reorientar a aquellas empresas menos competitivas. Mientras, Reino Unido apuesta a saco por el tomate de Marruecos, el vecino que nos da tantos dolores de cabeza.

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