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Muere Maradona, el mito de la ‘mano de Dios’

Diego Armando Maradona

Se fue igual que llegó, dejando en estado de shock al mundo entero. Aquel imberbe muchacho que arrastraba con su pierna izquierda el balón al ritmo que marcaba su futbolística materia gris y que fuera considerado como el mejor futbolista de la historia se marchó ayer en cuerpo, nunca en alma, a los 60 años.

Demasiado temprano le falló al Diego su mejor amigo, el corazón, aquel del que tiró siempre, que le acompañó en esas grandes hazañas deportivas que firmó sobre todo con Argentina y con el Nápoles, el club al que llegó desde Barcelona para hacerlo lo más grande posible: campeón.

Ese niño que deambulaba por Villa Fiorito golpeando con su milimétrica zurda cualquier objeto susceptible de colocar en la escuadra de lo que fuera parecido a una portería se hizo grande antes de tiempo, jaleado y manteado por todos los que se le juntaron alrededor para aprovecharse de ese órgano que ayer dejó de latir.

Solidario, amigo de sus amigos hasta la muerte, protagonizó tantas páginas brillantes en la historia del deporte como las que firmó en ese lado de oscuridad que llevaba dentro de una personalidad única, “siempre genio, siempre Maradona, tatatatatata”, como narrara Víctor Hugo Morales después de la obra de arte que su Barrilete Cósmico firmara ante Inglaterra en el Mundial de México de 1986.

El eterno diez manchó su trayectoria, marcada también por los percances sufridos en sus dos años en Barcelona, la grave lesión tras una patada criminal de Goikoetxea y la ¿hepatitis? Luego fue acogido como el hijo de todos los napolitanos y él agradeció ese cariño como mejor sabía hacerlo, con fútbol. Por eso ahora y siempre hablar de Maradona en Nápoles es hablar de devoción, es hablar de Dios.

El día de ayer tenía que llegar por muchas oraciones que se rezaran.

Maradona había sorteado al Barbas en muchas ocasiones y de muchas formas, de caño, de rabona, lo gambeteó tantas veces, superó tantas entradas que en alguna tenía que caer… y cayó. Desde ayer ve el fútbol desde otra perspectiva, aunque lo hace desde un lugar que no le es extraño, el cielo. “¿Sabes por qué me late el corazón? Porque he visto a Maradona y enamorado estoy”, cantaban los tifosi del Nápoles, un cántico que retumba hoy en todo el mundo.

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