Politica

Eso tan repetido de defender a Canarias

Foto cedida por CC

En 1987, cuando la Agrupación Tinerfeña de Independientes arrasó en Santa Cruz y ganó ampliamente en La Laguna y otros pueblos de la isla, además de en el Cabildo de Tenerife, yo era un pibe que veía ‘El coche fantástico’, pero recuerdo perfectamente a mi profesora Mari Cruz absolutamente entusiasmada con la derrota de los socialistas tinerfeños. En La Laguna, ciudad universitaria y feudo de la izquierda desde 1979, arraigó una idea: el pintor socialista Pedro González se había entretenido como alcalde cuidando y dándole lustre cultural al centro de la ciudad, pero no había atendido suficientemente a los pueblos y barrios del municipio. Mientras, en Santa Cruz, Manuel Hermoso atraía votos a izquierda y derecha, convertido en una especie de líder peronista que unía los intereses de las elites profundamente conservadoras de la capital con las demandas de vivienda, agua, luz y dignidad de los barrios más humildes. Tremenda conciliación, articulada en un conservadurismo de perfil social, estuvo en el germen de CC en 1993. Y supo identificar una creciente alergia a la prepotente autosatisfacción del socialismo felipista, bien fuera por un tufillo a elitismo, bien fuera por sus tics centralistas.

Algo similar intentan hacer de nuevo desde CC, con la crisis migratoria de fondo y un reparto de los presupuestos estatales que consideran insuficiente. Hoy finalizan su primer congreso en la oposición, con Fernando Clavijo como nuevo secretario general. Una extraña renovación hacia atrás, aunque el expresidente esté hecho un pibe y pueda correr a toda mecha por el Camino Largo.

A favor tienen el hecho de seguir ahí, cuando tanta gente preveía una desaparición súbita de CC tras ser desalojados del poder, minusvalorando el arraigo de su cultura política. En contra tienen parte de su historia. Entre otras cosas, por haber practicado muchas veces un nacionalismo con aspecto de mera transacción administrativa de fondos españoles y europeos, intermediados y gestionados por una élite política, ellos mismos, que ha practicado el clientelismo sin cuartel mientras la distancia entre la renta media canaria y la española no paraba de ensancharse. Mucha RIC, pero menesterosos al fin y al cabo, con una dependencia brutal del turismo que ahora pagamos. Una estructura socioeconómica de aroma colonial cronificada con la complacencia de casi todos. Eso sí, adornada con ciertos elementos identitarios. Un vacío teórico que, en el caso de CC, transita de la condena al Muelle de Arguineguín a los comentarios de Ana Oramas mezclando en un mismo discurso los problemas sociales que hay en Canarias con los migrantes que están en los hoteles. “Es una advertencia contra los problemas de xenofobia que se pueden crear”, decía a este periódico hace unos días el, a partir de hoy, exsecretario general de CC, José Miguel Barragán.

En este contexto, el Gobierno canario critica a España y Europa por su política en materia migratoria, con advertencias de rebeldía, como si la izquierda gubernamental, que al fin y al cabo es la suma de varios, estuviera generando discurso propio más allá de los vínculos de partido de quienes están en PSOE y Podemos. Aun con la duda de qué harán si esto no se gestiona mejor y las derivaciones no se vuelven transparentes. “La vía judicial”, sugería el otro día el portavoz de NC, Luis Campos. Habrá que ver.

Algún dirigente del PSOE canario frunce el ceño si le hablas de ‘canarizar’ el partido, como hicieron en su día los socialistas vascos al fusionarse con Euskadiko Ezkerra. ‘Canarias, región polémica’, ‘Del colonialismo a la Autonomía’. Así se titularon dos trabajos del abogado socialista Antonio Carballo Cotanda, fallecido prematuramente en los setenta, pero una evidencia de que hubo inteligencia y conciencia del legado colonial en Canarias -que vuelve como el eterno retorno- en la socialdemocracia isleña. Ahora, Torres, profesor de literatura de instituto, socialista de pueblo, se “revira”. Y el Gobierno critica a quienes quieren expulsar a los migrantes de los hoteles aunque no tengan ya un alojamiento garantizado. “Manifestaciones racistas, aunque vengan envueltas en justificaciones legales”, decía Julio Pérez.  Las fronteras siempre están llenas de ambivalencias.

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