Sociedad

«Estamos logrando que enfermos terminales reciban en los hospitales la visita de sus animales queridos»

Sandra Barrera, junto a Andrés Chaves FRAN PALLERO

Tomé más notas que nunca, pero Sandra Barrera Vinent (Santa Cruz, 1970) también traía las suyas que escribió en la peluquería, poco antes de llegar a Los Limoneros. Vaya mujer interesante. Es juez de Instrucción sustituta en Arrecife, con el añadido del juzgado de Violencia de Género. Con 12 funcionarios despacha miles de asuntos. Y una decisión suya, cuando era juez sustituta del Juzgado de lo Penal 1 de Santa Cruz, en 2019, dio la vuelta al mundo: llamó a una vista oral, como perjudicada, a la perrita Milagros, una bull terrier de lo más pacífica que fue lanzada a un contenedor por el animal de su dueño, dentro de una maleta, malherida por las mordeduras de otros perros con los que la abandonó en su casa. “No dejaba de mirarme durante la vista, fue de lo más emocionante”, me dice Sandra. “Como si pidiera justicia. Yo intentaba evitar su mirada, para que no me condicionara. Condené a doce meses de prisión al agresor y la fiscal, Lidia Fidalgo, me pidió que cumpliera la  condena íntegra, aunque no llegara a dos años. Yo estuve de acuerdo. Luego tuvo más suerte, tras el recurso ante la Audiencia Provincial y se libró de la prisión”. Sandra mereció elogios de todo el mundo por su sentencia. Lo de todo el mundo no es una expresión solamente, sino una realidad. En el ámbito particular, Sandra Barrera es presidenta del Grupo Animalia, que se dedica a la protección de los derechos de los animales. Es decir, que desea el cambio en un mundo tan deshumanizado.

-Tengo un vídeo de un canal de TV de México, en el que alaban tu sensibilidad con un animal maltratado.
“Hubo mucho ajetreo mediático, sí; y no porque yo lo quisiera, porque mi única intención era hacer justicia”.

-Me emocionó lo que dijo de ti Fernando Ónega, en Onda Cero.
“Bueno, sí, me dedicó una Brújula, en Onda Cero. Dijo que en aquella vista yo había sido valiente y original. Y se lo agradezco”.

-¿Cómo digiere el TSJ estos juicios tan mediáticos?
“Mal, supongo. Pero yo no tuve participación en aquel interés de los medios de comunicación. Lo que pasa es que también estaba programado otro juicio más mediático contra un informador y aquello estaba lleno de periodistas. Y, claro, se encontraron con que había llamado a una perrita como perjudicada en un caso de maltrato animal. No era normal tampoco que Milagros estuviera asistida por una fiscal y por un forense”.

-¿Hubo sensibilidad por parte de tus compañeros?
“Lo que te digo es que el presidente de la Audiencia Provincial, Joaquín Astor, redactó una autorización muy bonita para que la perrita pasara los controles de seguridad y se preocupó de facilitarlo todo. Y la Fiscalía estuvo a la altura, se lo agradecí mucho a Francisca Sánchez, la fiscal de Medio Ambiente, y a su compañera que actuó en el juicio, Lidia Fidalgo, que estaba tan emocionada como yo al final de la vista.  

-Sandra, Canarias se ha apuntado a un ‘deporte’ –lo pongo entre comillas-, que no me parece tal. El arrastre de ganado. ¿Qué te parece?
“Que no hay derecho. Esto no es deporte ni es nada, porque el sujeto es un animal maltratado. En el País Vasco los drogan con anfetaminas en muchas ocasiones. Llamarlo deporte es una barbaridad. El buey puede que nazca para cargar cosas de una forma civilizada, pero no para divertir a la gente”.

-Perdona que vuelva a lo de la perrita Milagros. ¿Cómo la detectaron dentro del contenedor?
“Cuando su dueño la tiró al contenedor de basura había alguien en una ventana que notó algo raro en su actitud. Y una señora que pasaba por allí escuchó quejarse a la perrita. Llamó a un chico que también andaba cerca y entre los dos sacaron la maleta, pensando que se trataba de un bebé. La perrita había intentado hacer un orificio para respirar. Llamaron a Protección Civil y a los veterinarios de Valle Colino. Entre todos abrieron la maleta, que estaba herméticamente cerrada, liberaron a la perra y la curaron. Al autor se le condenó también a pagar todos los gastos de la convalecencia. La fiscal llevó la maleta a la sala. Aquello ponía los pelos de punta. El sujeto alegó que creía que estaba muerta, pero la conclusión fue que actuó con una saña increíble”.

Sandra Barrera | FRAN PALLERO

(Siete años después de cometidos los hechos se localizó al autor, en Córdoba. Tenía pendiente otro delito: robo con fuerza, creo. Se le metió en prisión. El juicio se celebró sin su presencia física, sino por videoconferencia. Parece ser que la perrita se alteró cuando lo vio en la pantalla. Milagros permaneció en la sala, sin inmutarse, hasta que apareció su agresor. Fue un juicio penal, exclusivamente porque el bien a proteger era un ser vivo. Sandra me dice: “Todavía estamos en pañales en cuanto a legislación por maltrato animal en España. Todavía en este país se puede embargar a un animal, como si fuera una cosa, y hasta a sus crías. Parece que no nos damos cuenta de que son seres con sensibilidad física y psíquica”. Y añade:).

“Te voy a decir algo. Por fin estamos empezando a conseguir que enfermos terminales reciban en los hospitales la visita de sus animales queridos; está demostrado que esto mejora y tranquiliza a los pacientes. Guardando todas las medidas sanitarias, es posible. Es preciso tener en cuenta que un perro, un gato, forman parte de la unidad familiar”.

Y comenta su señoría, no sé si para que lo escribiera, o no:
“Te puede ir a visitar tu suegra, por ejemplo, que te mete un rollo de tres horas y te deja peor de la enfermedad y no puede acudir a tu lado el ser en el que vuelcas todo tu cariño. ¡Vamos, hombre!”.

-Las romerías, Sandra. Y las cabalgatas. ¿Sabes cómo viajan los camellos entre islas?
“¿Que si lo sé?; es que lo he vivido, lo hemos comprobado. Y lo hemos denunciado. Creo que se han dado pasos importantes al respecto. Y, mira, yo no me opongo a que un buey o una vaca tiren de un carro en una romería. Pero con condiciones. Primera, que sean reconocidos por un veterinario especializado, que autorice su participación en función de su peso, del recorrido y de sus cualidades de tiro. Segundo, que el peso de las carretas se ajuste a las condiciones físicas del animal. Y tercero, que no se esté asando carne en sus narices”.

-E ironiza:
“Porque puede ser la carne de un familiar”.

-¿Y qué me dices de los camellos?
“Era terrible ver a aquellos animalitos viajando horas y horas entre Islas, con sus patas atadas, en posturas crueles, hacinados, haciéndose sus necesidades uno encima de otro. Terrible. Una barbaridad. En la Península son trasladados en transportes especializados, como los de los caballos, y hasta el animal agradece que lo saquen a las carreteras. Van cogiendo aire, con sus cabezas por fuera de los carruajes. En Canarias ya se han dictado normas para el transporte, pero todavía son insuficientes”.

-Aún existen centros comerciales en los que no se autoriza la entrada de perros ni de gatos.
“Zara lleva diez años permitiendo la entrada; también se ha apuntado a la tolerancia El Corte Inglés. Y algunos centros comerciales ya  ven adecuada su entrada responsable. Hay diecisiete millones de perros en España en cinco millones de familias. ¿En qué está pensando la gente? Además existen reglamentos europeos que es preciso cumplir”.

-¿Y qué hacemos con las palomas?
“Se están matando, incluso en Santa Cruz, miles de ellas al mes, según algunos datos. Esto es intolerable. Existen otros métodos para que no se reproduzcan. Por ejemplo, un pienso inhibidor del celo, que ya se aplica en Valencia, en Lisboa y en Luxemburgo”.

-Alguien dijo, no recuerdo quién, que el movimiento de la cola de un perro es un don impagable para su dueño.
“Y es verdad, qué maravilla ver a un animalito que se alegra al verte llegar porque lo has tratado bien, porque le has dado cariño”.

-Tú, además de juez sustituta, eres una reconocida activista en favor de los animales.
“El Grupo Animalia está en medios de comunicación, en la elaboración de normativa, en la declaración de las ciudades pet-friendly (que arbitran beneficios para los animales domésticos, incluido que puedan usar los taxis en compañía de sus dueños, que puedan viajar en metro o guagua y tranvía); en fin, lograr entre todos ciudades más civilizadas”.

-Por cierto, Sandra, ¿qué fue de Milagros?
“Pues está estupendamente, en una casa de acogida, situada en una zona residencial de Santa Cruz; creo que su nueva dueña le cambió el nombre y vive tan contenta. Se restableció totalmente, es pacífica y disfruta de todas las comodidades que merece”.

(Todavía resuenan las palabras de la fiscal, en el juicio: Milagros no puede hablar, es verdad. Pero aquí estamos nosotros, el forense y yo, para hablar por ella, señoría”. Le cuento a Sandra que, no obstante que el mago peludo sigue siendo muy animal y maltrata a esos seres indefensos, se han producido en nuestra tierra grandes avances. Manuel Ángel Izquierdo, el párroco de Playa de las Américas, permite que los perros y los gatos asistan con sus dueños a las celebraciones religiosas. Seguramente se acuerda más que otros de San Francisco de Asís. Es uno de esos sacerdotes cuyos sermones, llenos de contenido y de sentido común, llaman la atención de sus feligreses. En Las Palmas, en tiempos del alcalde Cardona, se dio un gran paso en favor de los animales).

-En los Estados Unidos, al menos en algunas grandes empresas, se permite que los empleados lleven a su trabajo a sus perros y gatos.
“En San Francisco, por ejemplo. Está demostrado, ya desde los años 60, que la gente se concentra más en su trabajo pensando que tiene al lado a un ser que lo puede estar pasando mal en la soledad de su casa. Lo tiene junto a él, se despreocupa y rinde el doble. Aquí no pueden entrar en los comedores sociales, ni en los albergues, tienen sus dueños que dormir en la calle para poder estar con ellos. Algunas ciudades, como Santander y Madrid, han habilitado jaulas especiales para que los animales puedan pasar la noche, si sus dueños están acogidos en esos albergues. Y los comedores sociales deberían incluir, en sus entregas, el pienso para esos animales, que están pegados a sus dueños. Es normal que cuando te mueras puedas poner una esquela a tu perro, que haya cementerios destinados a ellos, y que, incluso, cuando sean incinerados descansen junto a las cenizas de sus dueños. ¿Por qué no? Este país tiene que dar saltos emocionales porque se debe tener en cuenta que los animales sienten, piensan, sufren, se alegran como los humanos. Parece como si tuviéramos vergüenza de reconocer sus derechos”.

(No se agotaba el cuestionario. Mientras yo pedí mi postre, Sandra seguía hablando y hablando. Habla del circo, de que en los circos tampoco tendrían que actuar animales. Y habla de la necesidad de una ley marco, para que las comunidades autónomas no vayan cada una por su lado.  Me describe de nuevo cómo viajaban los dromedarios en bañeras de áridos. “Mira, si los niños supieran el trato que les daban no irían a las cabalgatas”. Tengo que terminar. Ya de noche, Sandra me manda una batería de información sobre derechos de los animales y deberes de las personas para con ellos. Pero yo creo que he resumido su labor y su filosofía. Pronto regresará a su Juzgado de Instrucción de Arrecife, tras unos días de descanso en Tenerife, la Isla en la que nació. “Oye, ¿te trato de señoría?”. “Ni hablar, vete por ahí, yo vengo aquí en calidad de amiga de los animales”).

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