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«No hay necesidad de montar ahora un referéndum constitucional, no estamos para bromas»

Jerónimo Saavedra. / DA

Diputado en el Congreso por la provincia de Las Palmas cuando se aprobó la Constitución española, el 6 de diciembre de 1978, el exministro Jerónimo Saavedra mantiene una mirada lúcida e independiente que se nutre de una vida larga llena de experiencias, música y lecturas. Hasta hace poco era el último presidente socialista de Canarias, pero las urnas y un cuatripartito de la izquierda pusieron a Ángel Víctor Torres, secretario general del PSOE de Canarias, al frente del Ejecutivo. Sin embargo, los periodistas seguimos buscando a Saavedra, porque forma parte de la historia reciente de las Islas. Y porque tiene una buena buena porción de sabiduría.

-42 años después de la aprobación de la Constitución española, ¿es necesario modificarla?

“¿Y los países que tienen constitución desde hace 50 años o 100 años? ¿Qué necesidad tenemos ahora de montar referéndums cuando vemos a dónde nos están llevando? Generan problemas en los partidos. Y también en las sociedades: mire lo que ha pasado con el brexit. No estamos para bromas. Algunos dicen que el sistema del 78 ha hecho aguas, que estaba montado sobre el bipartidismo. ¿Qué tienen que ver la Constitución y el bipartidismo? La Constitución genera una ley electoral y eso ha provocado bipartidismo en algunas ocasiones. Y luego, pluripartidismo”.

-¿Pero no necesita cambios? EEUU o Alemania la han modificado muchas veces…
“Puntuales. También se reformó aquí cuando el acceso al voto en las municipales de los ciudadanos comunitarios que viven en España. Y con el famoso 135 en la época de Zapatero”.

-Me refiero a cambios más profundos…

“Hay que saber lo que se quiere actualizar. Si se empiezan a tocar una serie de temas súper sensibles, volvemos a lo de las dos Españas. Y más, con las redes sociales, con tanto sentimentalismo de por medio y gente que se inventa lo que sea necesario para desprestigiar la alternativa de otros. A mí, el futuro personal me trae sin cuidado, por razones de edad. Pero no puedo evitar que me preocupe el futuro del país. Yo he estudiado historia y he vivido 40 años de dictadura. Eso que no han vivido quienes creen que arrancan de una cultura de democracia de siglos en nuestro país”.

-Esos temores, en un contexto institucional europeo, ¿no le parecen exagerados?

“¿No tenemos ahí a Polonia y a Hungría? Afortunadamente, esas corrientes ideológicas no son mayoría, pero… Los avances progresistas y reformistas hay que ir haciéndolos poco a poco, con pies de plomo”.

-Pero la gente más joven tiene una mirada distinta. Su generación, la de Felipe González, rompió con el PSOE histórico de Rodolfo Llopis y el exilio precisamente con ese impulso de la juventud, que creía en otro camino para acelerar la llegada de la democracia…

“Eso tuvo que ver con el ego, ellos estaban obsesionados con el anticomunismo, no permitieron que el PCE estuviera presente en el Contubernio de Munich. Además, nosotros creíamos que la dirección del partido tenía que estar en España. Eso, claro que se impuso. Y fue un cambio. Pero no tiene nada que ver con lo que estamos hablando, que se refiere al conjunto del país”.

-Bueno, tiene que ver con que las generaciones jóvenes ven las cosas con un recorrido vital distinto al de las mayores… ¿No hay siempre un choque generacional inevitable?

“No tiene por qué haber choque generacional. En otras sociedades no lo hay. Mire EEUU, donde los dos candidatos a presidente tenían más de 70 años. Estamos obsesionados con que nosotros somos algo distinto, que aquí podemos hacer lo que nos dé la gana que no va a haber efectos negativos. ¿Qué pueblo hay con más cultura democrática que el británico? Y mire lo que ha pasado con el brexit. A veces parece que solo vemos las cosas de Los Pirineos para abajo”.

-¿Y cómo encajar la insatisfacción de las nacionalidades dentro del Estado?

“O el federalismo, que es insatisfactorio para vascos y catalanes. O un sistema confederal, que no se ha experimentado en ningún país del mundo. Y que sería tener la Corona y la moneda comunes, y poco más. Pero eso no lo estudia nadie en derecho constitucional mundial”.

-Usted es partidario del sistema federal…

“Sí, claro. Y en realidad, solo nos falta arreglar el Senado. Competencia más, competencia menos, todo lo demás está ya”.

-Bueno, pero hay que dejarlas ya delimitadas de una vez para evitar estar con tensiones permanentes sobre si me cedes esto o lo otro…

“Sí, eso lo dije yo ya en una Comisión que se creó en 2018 en el Congreso para el tema de la reforma constitucional. Y hablé del Senado y de delimitar las competencias exclusivas del Estado y de las comunidades autónomas para evitar conflictos y problemas en el Tribunal Constitucional. Fíjese que ni siquiera hemos sido capaces de crear un instrumento de cooperación cuando llegó la pandemia. Aunque eso no es culpa de las comunidades autónomas, sino de los legisladores estatales que no han hecho una ley de cooperación. De repente, el ministro de Sanidad se convirtió en el súper-Gobierno de España”.

-Entonces, ¿la gestión de estos meses ha evidenciado los fallos del modelo autonómico?

“Sí, son carencias del título VIII de la Constitución que hay que solucionar. Es que no tendría ni que existir el Ministerio de Sanidad. Ni el de Vivienda. ¡Si son competencias exclusivas de las comunidades autónomas! Para hacer ley básica, sí, como fue la Ley de Sanidad de Ernest Lluch, que nadie discute. Pero para nada más.  La palabra cogobernanza no aparece hasta junio en el lenguaje del Gobierno central, cuando acaban las tres fases de desescalada”.

-¿Y qué tenía que haber hecho el Gobierno de Sánchez?

“Tenían que haber creado un órgano permanente, no esa cosa del Consejo Interterritorial. Algo que fuera presidido por un presidente de Comunidad Autónoma, donde el Ministerio actuase como un instrumento más. Eso es lo que se hace si hay voluntad de reflejar un Estado autonómico o un Estado federal. Alguien tendría que haber determinado unos criterios únicos, como ha hecho Alemania, que fija lo que es competencia del Estado y punto. Lo demás lo hacen los estados federados”.

-¿Qué tuvo el Gobierno, un ataque de centralismo?

“Evidentemente. Es que el federalismo, en la izquierda, es propio del PSOE del postfranquismo, porque en la II República, no estábamos en la primera línea del proceso de regionalización, como quedó reflejado en el debate constitucional. En esos años, el centralismo siguió predominando excepto para aquellas regiones que tenían una lengua propia, donde se elaboró un estatuto singular”.

-¿Y ese espíritu centralista anida todavía en la izquierda?  

“En el comunismo nunca ha habido federalismo. Y hay una tradición jacobina en el PSOE que sigue un poco el modelo francés frente al modelo federal”.

-Usted es un federalista en un partido donde hay pulsiones jacobinas, pero muy crítico con la deriva independentista de los nacionalistas…

“Sí. Yo nunca he entrado en ese lenguaje al que se ha sumado ahora CC de que no somos nacionalidad sino nación. Y a tocar campanas… Y luego votando con la derecha los presupuestos. ¿Cómo se compagina eso?”

-Conoce muy bien las relaciones Canarias-Estado y sus complicaciones, ¿cómo es posible que desde Madrid se haya dejado engordar un problema como el migratorio?

“Pues porque se ha hecho muy mal. Igual que no se puede retener a nadie más de 72 horas a no ser que un juez lo autorice para internarlo en un CIE. Y una vez esa persona esté en la calle, nadie puede impedir que circule libremente. Pero mire, no le echemos solo la culpa a los del Gobierno central. ¿Cómo es que ninguna asociación en defensa de los derechos humanos puso aquí una querella cuando no dejaron viajar a algunos migrantes que llegaron a Tenerife y tenían el billete para Huelva?”

-¿Contra quién?

“Contra la Administración que lo impide”.

-Dentro de esa visión federal, ¿no se debería fijar una política de cupos transparente negociada entre Canarias y el Estado? A partir de un cierto número que resulte difícil asumir, se deriva a los migrantes a la Península…

“El tema es si vamos a la historia del efecto llamada”.

-Pero muchos expertos cuestionan eso del efecto llamada y dicen que los que emigran a Europa son, en realidad, muy pocos, los que tienen algo de dinero, la mayoría se mueve dentro del continente.

“Eso es cierto. El que lo está pasando realmente mal, el más pobre, no es el que emigra, algunos no saben bien ni lo que es Europa. Y eso lo sé yo porque presidí la Comisión Especial de Estudio de la Migración en la legislatura 1996-2000. También fui presidente de la Comisión de Política Social y Empleo, donde hablaron cuarenta y tantas personalidades y organismos sobre inmigración. Y el informe se aprobó por unanimidad en 1998. En las encuestas que hacíamos a los  inmigrantes, nos encontrábamos hasta maestros de Camerún. Y yo me sorprendía. Entonces había 400.000 personas en situación irregular. Hoy hay más de dos millones de trabajadores extranjeros en España. Y son muy necesarios, porque hacen trabajos fuertes que la gente de aquí ya no hace. Esa es la realidad.

-¿No sería más conveniente tener unas vías seguras y flexibles de migración, con una política de visados más razonable?

“Eso es una de las cosas que trabajamos en aquel informe que hicimos. La emigración de España a Europa en los años sesenta se hizo con acuerdos entre el equivalente entonces al Instituto Nacional de Empleo y el Instituto Federal de Trabajo de Alemania u otros organismos similares de otros gobiernos estables con administraciones consolidadas. Y decían: ‘Vengan 400.000 mil, que yo me encargo de repartirlos en distintas ciudades en función de las ofertas de empleo’. Pero vaya a buscar un organismo de este tipo en las administraciones africanas”.

-Se habla mucho de la cooperación en los países de origen…

“Sí, como en la época de Zapatero. Lo primero que hizo él fue poner embajadas en cinco países del oeste de África. Hasta entonces, el embajador en Senegal estaba acreditado en cinco países más. Uno podía querer ayudar, ¿pero cómo se distribuía la ayuda? Hay que mandar cooperantes a todos esos países, controlar el uso de esa ayuda para evitar la corrupción. Allí hay unas élites gobernantes que tienen otra mentalidad fruto del colonialismo, sus creencias religiosas, etc. Es un tema complicadísimo”.

-E impepinable, porque la gente se va a seguir moviendo…

“El Informe Mundial de la Población, publicado en 2017 por la ONU, dice cuánta gente va a haber en cada continente en los años 2030, 2050 y 2100. Y ahí, lo que queda claro es que la emigración que más va a crecer es la de África hacia Europa. La asiática se reparte dentro del propio continente. Y la iberoamericana, hacia EEUU y Canadá. Ahí está cuantificado. Además, la economía europea lo necesita. Las plazas escolares en Canarias se mantienen porque los inmigrantes tienen unas tasas de natalidad superiores a las de los nacidos aquí. Son muchos factores y hay demasiados titulares irresponsables. Porque la gente no quiere conocer”.

-¿Le sorprendió el tono beligerante de Torres frente al Gobierno español?

“No, está en su papel, tenía que hacerlo aunque sea del mismo partido que está gobernando en España. No se puede decir que, por disciplina de partido, uno no puede hablar. Como ha dicho Adriana Lastra sobre los veteranos que han criticado el acuerdo con EH Bildu”.

-¿Y cómo se gestiona esa tensión entre la militancia en un partido de ámbito estatal y el deber que tiene uno como presidente del Gobierno de su comunidad?

“En un par de ocasiones, yo fui denunciado en el Comité Federal del PSOE. Y me defendí. Una, por un problema con el ministro de Obras Públicas, Javier Sáenz de Cosculluela, en el año 84 u 85. Como tenemos la competencia exclusiva de carreteras en Canarias, me dijo que el Gobierno central no iba a poner dinero para unas obras en la autopista del sur de Tenerife y en los accesos a Gando y Tarajalillo, en Gran Canaria. Yo le recordé que en Baleares se estaba financiando una autopista. Un primero de noviembre, sin publicidad ninguna, quedé con Felipe González en Sevilla. Comimos en casa de su hermana, y las obras se hicieron financiadas por el Estado. El otro fue con la vía que eligió Canarias para la adhesión a la UE. Pero no hubo aspavientos. Felipe González reconoció después que ellos tenían una propuesta, pero que Canarias eligió otro camino”.

-No es tan dramático entonces…

“No. También no ocurrió en 1992, cuando se negociaba el nuevo sistema de financiación. José Miguel González, que era el consejero de Hacienda durante el Pacto del Hormigón con las AIC, estaba en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. Y me llamó para decirme que el Gobierno central no quería tener en cuenta el coste de la insularidad, que era algo que yo había planteado en 1977 y no me habían hecho caso, tampoco dentro del PSOE, salvo los socialistas catalanes. “¿Qué hago, que no ceden?”, me preguntó. Y yo le dije: “Pues vota en contra. Y punto”.

-Sin embargo, en Canarias, a un presidente de un partido de ámbito estatal siempre le dirán que no es lo suficientemente enérgico con Madrid…

“Yo le preguntaría a Clavijo: ¿Qué haría usted en una situación como la crisis migratoria? ¿Una huelga de hambre?”

 -¿Y no le parece que Torres, que es un socialista que no viene de las élites urbanas, como usted, está conectando con sectores de la población que hasta ahora se habían sentido cercanos a CC?  

“Yo creo que Torres tiene una gran cualidad, que es su capacidad de comunicación. Y la proximidad que le ha dado su experiencia como alcalde de zonas rurales está contribuyendo a que no se esté quemando tan rápido como se quemarían otros. De hecho, él lo anunció en la investidura cuando dijo que quería ser el alcalde de los 88 municipios de Canarias. Hasta ahora, en la forma tradicional de concebir el Gobierno de Canarias, con un partido u otro, el presidente se reservaba para los grandes temas y el día a día lo llevaban los consejeros. Pero él le ha dado su estilo y creo que ha sido muy positivo”.

Del “sarampión” que iba a durar 15 días al Pacto de las flores

Hace unos días, durante el congreso de CC, su exsecretario general, José Miguel Barragán, recordaba que, cuando se formó CC en 1993, Saavedra dijo que que iba a ser un “sarampión que duraría 15 días”. “Igual que Manuel Hermoso ha reconocido que se equivocó apoyando la manifestación contra la Universidad de Las Palmas, yo digo que me equivoqué”, reconoce el expresidente socialista con socarronería. “¿Qué no detectó el socialismo canario que estaba germinando en ese momento”, le pregunto. “Pues que el sentimentalismo de lo canario pudiera barrer el resto de los problemas ideológicos, económicos y sociales. Eso es lo único que identifica a CC: gobernar para tener más dinero. Punto. Como si solo por el hecho de tener más dinero se resolvieran los problemas. Y gestionar es mucho más importante que poner a un partido el calificativo de sucursalista o no”.  27 años después, un socialista ocupa de nuevo la Presidencia del Gobierno canario en un cuatripartito de progreso.  Y junto a él, dos consejeros que ya lo fueron con Saavedra: Julio Pérez y Blas Trujillo.

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