Tenerife

Costa y Grijalba, la calle de Santa Cruz que nació como de La Libertad

Aspecto actual de la capitalina calle de Costa y Grijalba. Sergio Méndez

Realizada en el Plan de Ensanche de Santa Cruz de Tenerife de 1897, del arquitecto Manuel de Cámara, la actual calle Costa y Grijalba se incorporó a la glorieta que forma la plaza de los Patos, a la vez que las calles Viera y Clavijo y General O´Donnell, junto con la avenida Veinticinco de Julio. En principio se llamaba calle La Libertad, hasta que en 1937 el Ayuntamiento la denominó con su nombre actual.

Diego Costa y Grijalba nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1844, obtuvo el grado de Bachiller en el Instituto de Canarias de La Laguna, en 1861, licenciándose en Medicina y Cirugía en la Universidad de Cádiz en 1869. Desempeñó su carrera profesional en el Hospital Clínico de Cádiz, en el Batallón Provincial de Santa Cruz de Tenerife, en el Hospital de los Desamparados (Hospital Civil), y como médico municipal de hospitalización domiciliaria de esta capital. Perteneció a las Juntas Local y Provincial de Sanidad de Santa Cruz de Tenerife.

En 1879 viajó a París para ampliar sus estudios. A su regresó introdujo en Tenerife “la providencial antisepsia quirúrgica” y las teorías de Pasteur.

Durante 34 años, su clínica situada entre la actual Rambla de Santa Cruz y las calles Viera y Clavijo y Jesús y María, tendría la consulta de mayor clientela de la isla de Tenerife.

Fue el primer secretario contador de la Academia Médico-Quirúrgica de Canarias y primer Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Canarias.

Compaginaba la medicina con la Cultura pues, desde 1876 hasta 1900, fue fundador y vicedirector del Establecimiento de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de Tenerife, y profesor de Geografía e Historia de España.

Excelente orador, su conferencia sobre el papel de la mujer en la Historia, pronunciada en el Gabinete Instructivo en 1870, sería muy famosa.

Fue redactor y colaborador de la Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas; de Anales de Oftalmología de Cádiz; de la revista Progreso Médico; y de la Revista Médica de Canarias, con cuatro originales artículos: Algunos accidentes producidos por el suero antidiftérico, La seroterapia en la Neumonía, Consideraciones clínicas acerca del embarazo molar y Un nuevo signo diagnóstico del embarazo; curiosamente, con este trabajo se adelantó en el tiempo a la confirmación del embarazo por auscultación del latido cardiaco o visualización por ecografía. También colaboraría en la Revista de Canaria, que dirigía su amigo Elías Zerolo, con temas de contenido científico, geográfico y astronómico.

Condecorado con la Cruz del Mérito Naval por los servicios profesionales prestados al Ministerio de Marina.

Fue uno de los médicos distinguidos con la Cruz de la Orden de la Beneficencia de Primera Clase, cuando la epidemia de cólera morbo azotó Santa Cruz en 1893, en la que de una población de 19.722 habitantes fueron invadidas 1.744 personas, de las que fallecieron 382. De esta manera se le reconocía su profesionalidad, pues con los pocos medios que disponía, tanto físicos como materiales, atendió durante tres meses a los enfermos de los establecimientos sanitarios, realizó visitas domiciliarias, etc.

Cuando falleció, el 10 de enero de 1904, en el discurso de la velada necrológica celebrado en el Ateneo Tinerfeño, el poeta Elías Zerolo destacó sus excelencias como médico y por su notoria pluma, pues nos dejó obras inéditas como: Las maravillas del firmamento, Una Clínica de Obstetricia, y Un tratado de fracturas.

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