Cultura

“Este disco es mi agradecimiento musical a lo que me ha ido dando la vida cada día hasta llegar a hoy”

Luis Morera estrena este viernes en un concierto en La Palma su nuevo disco, ‘Amor infinito’. / DA

Luis Morera se considera un hombre afortunado. Por eso ha concebido su nuevo disco, Amor infinito, como una forma musical de agradecer a la vida todo lo que le ha concedido. De manera que era casi inevitable que, al expresar esa gratitud, el compositor, cantante y pintor palmero rindiera también un tributo a la naturaleza y al ser humano, a personas que ya no están pero que siempre van a estar, como su compañera Silvia, o al pintor grancanario Néstor Martín-Fernández de la Torre, cuya relevancia reivindica en esta entrevista. Este viernes, 11 de diciembre, Luis Morera estrena en concierto Amor infinito en el Teatro Circo de Marte de Santa Cruz de La Palma (20.30 horas), que ya ha colgado el cartel de entradas agotadas, una cita a la que le seguirá la del día 26 en el Auditorio José Antonio Ramos, en Las Palmas de Gran Canaria.

-Usted ha definido su nuevo disco, Amor infinito, como un homenaje a la naturaleza y al ser humano. ¿Cómo ha sido su proceso de creación?
“Cuando me propongo llevar a cabo un nuevo proyecto, comienzo a reflexionar acerca de qué enfoque quiero darle. Mi música y mi pintura se sitúan en un patrón vinculado a la naturaleza. Y, en este caso concreto, también en la necesidad de agradecer a la vida las cosas que me ha dado cada día hasta llegar a hoy. Precisamente ese cúmulo de aportaciones es el que me lleva a componer sobre aquello que más me atrae: el mundo natural; el ser humano, con sus defectos y sus virtudes, y, en esta ocasión, mi compañera, Silvia, que falleció hace un tiempo y quise hacerle un homenaje en el disco. Amor infinito, el nombre de este trabajo, también lo es el de la canción que le dedico a ella y a todas esas cosas que me inspiran”.

-Este viernes lo presenta en directo en La Palma. En un tiempo tan extraño como el actual, lleno de restricciones, ¿qué representa para usted esta oportunidad de subirse al escenario?
“Al afrontar el proceso creativo, el resultado no quieres quedártelo solo para ti, sino que buscas compartirlo. Mi ilusión es llevarlo al teatro y que la gente conozca mi manera de vivir, intentar hacer cómplice al público de mis sentimientos”.

-Una de las canciones de Amor infinito es una especie de tributo al pintor grancanario Néstor Martín-Fernández de la Torre.
Sí. A Néstor nunca lo han situado en el lugar que le corresponde como artista universal que fue y con ese tema he querido expresar mi admiración por él. Néstor participó en la creación del modernismo, fue admirado por muchos de los grandes artistas de su época y, sin embargo, volvemos a pecar en lo de siempre: el canario valora más lo de fuera que lo propio. Deberíamos apreciar primero lo que tenemos aquí para luego crecer hacia fuera. Hacer el camino inverso es absurdo: el exterior siempre será más fuerte, por nuestra situación geográfica y lo que supone vivir en unas islas”.

-Para sacar este proyecto adelante ha contado con muchas colaboraciones: Augusto Báez, Totó Noriega, Hirahi Afonso, Yuniel Rascón, José Antonio Pulido… ¿De qué manera se enriquece una idea con todas estas aportaciones?
“Creo que mi trayectoria musical es la que me permite tener a mi lado a grandes músicos de Canarias. Sobre todo supone un orgullo que a mis proyectos quieran sumarse muchos de los mejores. Como Germán López, un timplista que evoluciona a pasos agigantados; Jaime del Pino, Carlos Martín… Gente joven que ahora mismo está haciendo cosas muy interesantes. Y luego también hay músicos que he ido necesitando a lo largo de la grabación, de manera que he cocinado un proyecto rodeado de muchos artistas que al mismo tiempo son amigos y compañeros de aventuras”.

-Siempre necesitamos música, ¿pero cree que su función cobra aún mayor valor en este momento de pandemia y distanciamiento?
“Primero es el alimento físico, la comida, porque sin ella la máquina no puede caminar, pero después viene la cultura, el alimento espiritual, que es tan necesario como la comida. Sin embargo, no ahora, sino desde hace mucho tiempo, es la gran maltratada, la manipulada, la vilipendiada, la olvidada por la política, y aún no llego a entender por qué. Los políticos nos colocan donde ellos quieren, nos pagan cuando quieren, y nosotros actuamos y al cobrar lo hacemos tarde y mal. A los músicos en Canarias no se les deja ser profesionales. ¿Qué es lo que se logra con eso?, que deban trabajar en 20 aventuras distintas en lugar de dedicarse plenamente a su propia carrera. Todo ello conduce a que la música, y la cultura en general, no sea valorada en las Islas y esté por los suelos. Los ayuntamientos, por ejemplo, buscan a artistas que les resulten cómodos, que no tengan otro remedio que aceptar las condiciones que les impongan. Y así la cultura, y la gente que se dedica a ella, continuamente esté raspando en medio de la precariedad. Organizan un concierto con alguien de fuera y esa misma noche esa persona se lleva el cheque de 8.000, de 12.000 euros. Lo que cobramos los artistas canarios nunca alcanza los 1.000 euros, y nos lo pagan a los cinco o seis meses. ¿Por qué ocurre eso? ¿Por qué el propio canario es capaz de machacarse a sí mismo?”.

-En su faceta artística conviven la música, la pintura y la literatura, ¿cómo se entremezclan todas estas vertientes en el proceso creativo?
“Poder desarrollar esas facetas me aporta una gran riqueza. Cuando me levanto cada mañana y la vida me proyecta ese abanico de posibilidades, a lo mejor tiendo más a coger la guitarra y ponerme a componer música. Quizás otro día me despierto con ganas de escribir y voy dando forma a los poemas que acompañarán a esas canciones. Pero además siempre tengo un lienzo en blanco preparado para cuando se me abra el apetito de expresarme por medio de la pintura. Me siento muy afortunado. No obstante, también hay otra faceta, la de las intervenciones artísticas [como la llevada a cabo con el Mirador del Universo en Tijarafe] que no he podido desarrollar tanto como quisiera. Y aquí volvemos a lo de antes: se valora más lo de fuera que lo que tenemos en Canarias. Viene un Ibarrola a pintar unas piedras en un barranco, le pagan una cantidad de dinero y deja algo que no le gusta a nadie. En cambio tengo una carpeta llena de proyectos, y como yo, muchos otros artistas canarios, y ni siquiera los contemplan. Quizás sea por mi manera de denunciar y decir las cosas claras a los políticos. Eso no les gusta y me castigan por ahí”.

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