Sociedad

«Es terrible, te sientes impotente en una situación como esta»

María Candelaria y Mauricio, desolados al ser desalojados de su casa, a pesar de los intentos por parte de su abogado para evitar un lanzamiento que transcurrió sin incidentes. Foto: Sergio Méndez

“Cuando ves por la tele un desahucio te compadeces, claro, pero no se imagina uno lo que se vive si te toca; es terrible, te sientes impotente en una situación como esta”. Así resumía ayer sus sentimientos ante este periódico Mauricio Delgado, un empresario tacorontero que ayer, junto a su esposa, María Candelaria, vio cómo eran desalojados de la que ha sido su vivienda durante los últimos 38 años, a pesar de los esfuerzos llevados a cabo por su representación legal, ejercida por el bufete Law and Invest.

Todo transcurrió a partir de las nueve y media de la mañana, como estaba previsto. Al lugar de la vivienda, ubicada en la calle de Pérez Reyes, en la referida localidad norteña, fueron llegando tanto los representantes de la autoridad, sea de carácter judicial o policial, como los medios de comunicación interesados en esta historia humana, desvelada en su edición de ayer por DIARIO DE AVISOS.

A pesar del notable despliegue policial, todo transcurrió con total normalidad y sin incidentes. “Al principio llegaron tres o cuatro dotaciones de la Guardia Civil, supongo que pensaban que se iba a montar un follón, pero nada de eso”, razonaba ayer el dueño de Confecciones Tacoronte. “Al final nos reconocieron que se alegraban de que no hubiésemos montado un follón, e incluso un agente me comentó que ojalá todo el mundo se portase así en estos casos, pero realmente no veo la necesidad. Ellos se limitan a hacer su trabajo”, detalló.

Lo duro fue lo vivido en la previa, como recuerda Mauricio. “Ha sido toda una semana sin apenas dormir, con subidas de tensión… Llegué a estar ingresado en Hospiten porque me encontraba realmente mal. Ayer mismo, mientras recogíamos nuestras cosas, pues es difícil, porque son los recuerdos de 38 años que llevábamos viviendo aquí. Porque es el fruto de 55 años de trabajo”.

Según detalla su abogado, “el desahucio pudo haberse frenado si esta mañana [ayer para el lector] hubiese encontrado un juez de guardia en todos los juzgados de La Laguna, porque estoy seguro de que nos hubiesen acordado una medida cautelarísima que redactamos de madrugada, pero a las 10 de la mañana no había aparecido su señoría”, se lamenta sobre este aspecto el letrado Gustavo José Bethencourt.

Batalla judicial

Ciertamente, los intentos de frenar este lanzamiento judicial no han sido pocos, más allá del descrito intento a la desesperada, tan de última hora y que suele prosperar si se dan los requisitos necesarios.

Sobre el conflicto en los tribunales, cabe recordar que en el Juzgado de Instrucción Número 4 de La Laguna están abiertas unas diligencias previas por una presunta estafa procesal a cuenta de este caso, al entender que la entidad financiera que ejecuta el desahucio podría dirigirlo al otro bien comprometido en el préstamo, un salón, cuyo valor de tasación cubre sobradamente el impago. Al no apreciar una prejudicialidad penal por ello, el abogado de Mauricio ha denunciado a la titular del Juzgado de Primera Instancia Número 5 ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

Anoche, Mauricio y su esposa descansaban en un apartamento de Bajamar que les ha facilitado uno de sus sobrinos. Y avisa. “Una cosa es que no nos parezca adecuado montar un follón en el desahucio y otra que nos vayamos a rendir. Todo lo contrario, seguiremos luchando, aunque sea para que esto que hoy tenemos que dejar sea un día disfrutado por nuestros nietos”, concluye el empresario, rodeado por los suyos.

La clase media

Porque la historia de Mauricio no es la del desahucio de una familia desamparada o carente de recursos propios como para requerir el auxilio de los servicios sociales, pero sí que describe la paulatina destrucción de la clase media de las Islas, particularmente afectada por las sucesivas crisis acaecidas en lo que vamos de siglo.

Quienes, como Mauricio y su familia, pudieron ganarse la vida sin apuros gracias al esfuerzo y al emprendimiento, viven ahora las consecuencias de una debacle económica causada por hechos ajenos a ellos, pero pagan igualmente los platos ratos. Bueno es recordarlo, ahora que se empieza a comprobar el destrozo que ya provoca en el tejido productivo la nueva crisis.

Mauricio y María Candelaria contemplan, junto a una de sus hijas, el que ha sido su hogar durante los últimos 38 años. Sergio Méndez

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