Economia

«El debate público en las Islas está lleno de tópicos, baratijas y spam»

Al catedrático de Economía Aplicada José Ángel Rodríguez le gusta caminar por La Laguna. Y como ya está jubilado, lo asaltamos dos mañanas, una soleada y otra lluviosa, para hablar de la economía canaria y de la vida en estos tiempos de pandemia. Es un hombre sabio y reposado que igual cita un artículo de una revista argentina, habla de un pensador estadounidense o reflexiona sobre la masonería en La Palma y las papas bonitas. El debate económico y social está a reventar de dudas y dilemas, así que hemos dividido la larga charla con Rodríguez en dos partes, empezando con esta que se publica hoy, en pleno proceso de aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2021. La siguiente se publicará el martes.

-Hay bastante debate sobre si estos presupuestos son buenos o no para Canarias. ¿Usted qué piensa?

“Después de muchos años con presupuestos estatales y autonómicos sin una visión inclusiva de la sociedad en la que se insertan, estos tienen en cuenta a colectivos absolutamente precarios, con un contenido social y redistributivo escorado hacia esos estratos sociales y orientado a reforzar los bienes y servicios públicos, a generar redes, etc. Ya con eso son bastante saludables, también para Canarias. Siempre hay que contextualizar a los proyectos: había que ponerle un punto y final al esquema austericista que tenían los presupuestos de Montoro. Y responder a la obligada emergencia social y económica que ha traído la COVID-19. Porque ha golpeado, de lleno, a sectores, colectivos y fuentes de recaudación. En todo caso, siempre es saludable discutir sobre prioridades, cantidades y ausencias en un debate económico democrático”.

-Los más críticos dicen que no son realistas…

“Los calificativos son típicos de estos debates. Pero el cuadro macroeconómico de Alemania tampoco es infalible. Estos días he visto un resumen de las previsiones que hace el Servicio de Estudios del BBVA, donde pone que Canarias y Baleares serán las comunidades que más crecerán el año próximo, aunque, hace unos meses, las perpectivas eran peores. Si finalmente se va al traste la temporada de invierno, veremos otras estimaciones muy diferentes. Son ejercicios numéricos bajo ambientes gaseosos. En un contexto de complejidad con mil variables y donde todo está destartalado, es muy difícil hacer predicciones. Y ponerte en una tribuna a decir ex cátedra que son poco realistas es estar haciendo exactamente lo mismo que le críticas a los otros.

-¿Y qué hay del REF? La oposición dice que no se cumple… 

Estos argumentos tienen un sentido relativo. El problema no es si se cumplimenta la contabilidad de unos derechos jurídicos, sino si existe un pensamiento estratégico sobre lo que significa el REF y cuáles son los elementos seleccionables de lo que nos interesa negociar. Pero, ¿cuándo hemos funcionado con sentido planificador, de tener una mirada integral de la política y de la economía? Hay una visión inercial del REF consolidada en la última reforma de 2018. No es un instrumento que arrope las políticas de las distintas consejerías. Es una especie de ‘melting pot’, de mezcla de aspiraciones y necesidades que le hemos adosado paralelamente al documento de los presupuestos. Y estamos al albur de lo que pueda llegar de las negociaciones cada año. Eso no responde a una visión de Canarias que apuntale un núcleo estratégico para perfilar el sendero virtuoso de su economía, su estar en el mundo, lo que puede crear valor, lo que se puede exportar, la revisión de los incentivos o las prácticas que pudiesen dar lugar a contenciosos con las autoridades estatales. Es un ovillo con los hilos sueltos. En Canarias tenemos varios fiscalistas y profesionales que saben mucho del REF. Habrá que escuchar sus opiniones. Mi propuesta para superar este ritual de regates es tener una especie de protocolo o de esquema procedimental para los próximos presupuestos que vaya acercándonos algo a la estructura del cupo que tienen los vascos y navarros”.

-¿Por qué no lo hemos estructurado antes de otra manera? 

“Porque esa visión parcializada del REF responde, en el fondo, a los intereses de unos grupos que tienen ventajas operativas con este sistema, estancos y avenidas por donde transitar. Y desde donde presionar, tensionando al Estado en función de si les hace más o menos caso. Ya lo decía M. Olson: conviértase a los grupos de presión en quiénes patrimonializan el interés general de toda una comunidad”.

-¿Por eso cree que ha habido tantas reticencias del Gobierno central a modificar el plazo para materializar la RIC, como piden algunos empresarios canarios? 

“Es discutible si, ante una mala situación y peores expectativas, lo que conviene es hacer aplazamientos, rebajar o exonerar y relajar exigencias varias. Pero si uno lo analiza bien, se da cuenta de que esos movimientos en el tablero pertenecen a intereses parciales que intentan hacer creer que eso le conviene a Canarias. Y que las autoridades de aquí tienen que defender y luchar por esas peticiones. Porque si no, van a recibir fuertes protestas. Hay cierto aroma a chantaje. Una vez más, ¿hasta dónde puede llegar la simbiosis entre el poder político y el económico?”

-Y eso, ¿Madrid lo sabe?

“Eso que llaman Madrid ha venido acumulando escamas desde hace siglos en las relaciones con la diferencialidad canaria. Y, además, te dice: ‘Pero chico, si te estoy poniendo todo este dinero, ¿encima pretendes no pagar o aplazar pagos?’ No somos Alemania, que puede dar salvavidas costosos a las empresas y dejar de cobrar durante dos años. Porque tienen mucha caja. Pero es que nosotros tenemos una deuda altísima y tributaciones renqueantes. Además, esos grupos no están exentos de cometer errores estratégicos. Mire lo que ha pasado con la PCR y el sector turístico, que llegó a organizar caravanas demandando estas pruebas, a pesar de que implicaban trabas que iban a ponderar los viajeros. No se valoró bien que eso era otro coste de transacción, que es uno de los calvarios que tiene Canarias para competir en mercados muy disputados. Y claro, se resintieron las reservas y tuvieron que centrarse en demandar los antígenos, que son más operativos.

-Sin embargo, esa visión de agravio permanente a Canarias está muy arraigada…

“Eso tiene que ver, en parte, con una forma de negociación presupuestaria con el Gobierno Central que viene imperando desde hace bastantes años. Y que son las derivas del viejo pacto centenario de las élites canarias con la Corona. Los intereses de Canarias, jerarquizados según estratos de poder, son defendidos y negociados por representantes con desigual identificación en Madrid, mientras que en las islas, simultáneamente, se cuece y crea opinión pública en torno a esos temas. Uno lee a José Murphy, que fue diputado en las Cortes en el siglo XIX, y lo ve con toda nitidez. A él lo impulsó el sector comercial, sin ocultar nada. No son muñecos sin voz, simplemente están alineados con unos intereses que los respaldan y adoban el argumentario de que hablan en interés de todos los canarios.  Ese es el trasfondo de hegemonías, dominaciones y manipulaciones”.

-Una especie de lobby, ¿no?

“Sí. Además, siempre ha habido pactos implícitos entre los grupos de intereses canarios y Madrid. Y eso, en parte, explica por qué aquí no han surgido significativos grupos independentistas. ¿Por qué, cuando las independencias de Cuba, Puerto Rico o Filipinas no ocurrió lo mismo en Canarias? Pues porque Madrid les daba mucho a esas élites. Les daba sosiego, las defendía, usaba las armas si era preciso para protegerlas, ponía las instituciones a su servicio. Les decía, «Ustedes van a estar al frente de cabildos, el poder municipal, las Cortes, las organizaciones mesocráticas…,¿para qué quieren ser independientes, si les damos corresponsabilidad real de dominio?»

-¿Y a las élites latinoamericanas no las protegía?

“Lo hicieron hasta que las burguesías criollas miraron y calibraron alianzas o sumisiones con EEUU. ¿Y en Canarias? Aquí siempre hubo conciencia de la limitación de recursos, de la dependencia estructural. Y para solventarlo se precisaban ventajas compensatorias que permitieran traer cosas de fuera. Canarias y sus intereses dominantes eran muy conscientes de ese «principio de realidad y de necesidad». Y optaron por reivindicar esa diferencialidad y ser librecambistas en el escaparate del mundo, pudiendo elegir aquello que requería su situación exportadora, comercial y alimenticia. ¡Autoridades del Estado, permítanseme facilidades fiscales y hasta cierto juego en asuntos de la política monetaria y cambiaria! Eso está muy claro en el prólogo de la Ley de Puertos Francos de 1852 y 1900, con un deje de amenaza de crear problemas si no se atendían esas peticiones. Demandas que encabezaban, principalmente, los comerciantes. Por eso, la Cámara de Comercio siempre fue más importante aquí que cualquiera otro organismo empresarial. Necesariamente, una Canarias bastante fenicia si quería asomarse al mundo. Un largo capítulo que, a trancas y barrancas, se cerró a mediados de los años 80 del siglo XX con la entrada del Reino de España en la Comunidad Económica Europea, ahora UE. Ahí empezó otra historia de esta Canarias que ha estado flotando como un corcho en meridianos y paralelos de océanos y tierras del mundo”.

-¿Y qué pasó con los sectores obreros y campesinos en ese contexto?

“Desde mi perspectiva, ha habido una cierta convergencia de intereses de clase. Para que los productos de exportación elaborados aquí compitan, hay que hacerlo a un coste parecido al de sus competidores de otras partes del mundo. ¿Cuál es una de las partidas fundamentales en los costes de un producto? Los salarios. Pero para mantenerlos bajos sin provocar serios problemas sociales, hay que asegurar que los alimentos, el principal importe donde va buena parte del salario, tenga precios accesibles. ¿Cómo se satisface esa demanda? ¿Con producción local? Imposible, porque es muy insuficiente y mucho más cara. Se consigue trayendo cosas de fuera, gracias a unas accesibles relaciones comerciales con terceros y a unos aranceles muy bajos o nulos. Por eso, la clase trabajadora, los sindicatos, también se inclinaron por defender la estrategia librecambista, ya que así se podía mantener el poder adquisitivo y costes de producción competitivos sin precios prohibitivos en la alimentación”.

-Es decir, sueldos bajos, comida asequible y escaso enfrentamiento social…

Los estallidos sociales en Canarias han sido episodios muy concretos, caso de los trabajadores portuarios, algún empaquetado de plátanos, los aparceros tomateros, alguna huelga en transportes, sector tabaquero o ante convenios en servicios del sector público y turístico. Pero poco más. No ha habido graves tendencias centrífugas que quieran salirse de ese carril del modelo económico, y más teniendo en la retaguardia las compuertas abiertas para la emigración. Además, el sistema empresarial canario cuenta con muy pocas empresas grandes y sus sectores estratégicos han estado bastante «domesticados». Siempre he pensado que todo esto explica muchas cosas de la realidad política y social de Canarias. Las insularidades facilitaron atomizar las eventuales conflictividades. Y el llamado pleito insular, la cuestión del poder arbitral entre las islas capitalinas, es, en el fondo, un pulso de fuerza catalizado por sus «burguesías consulares», como denominaba Helio Jaguaribe al criollismo gobernante de las independizadas repúblicas iberoamericanas.

-Pero es un modelo muy precario para algunos sectores sociales, ¿qué hacer para cambiarlo?

“Sí lo es, y con una ausencia casi genética de conflictividad.  ¿Qué es lo que cabe hacer? Pues reformismo de algunas impunidades, de caciquismos demasiado grotescos. Y eso debe contrarrestarse con instituciones, normas, valores, prácticas y hábitos que no sean estridentes ni descarados. El modelo capitalista puede ser más o menos salvaje. Y precisamente por eso, estoy entre quienes defendíamos la plena incorporación de Canarias a la Europa comunitaria a mediados de los años 80, para disminuir la dosis de salvajismo del capitalismo canario. El modelo europeo, con esa ética en buena parte protestante, luterana y calvinista, se asienta en directivas, prácticas, tribunales, instituciones, que pueden parar los pies a determinados abusos, exigir protocolos, evaluar la manera de gastar los fondos, retirarlos, multar. Yo nunca creí en las ensoñaciones africanistas. El modelo europeo ha cultivado la crítica y el debate. Y eso, en Canarias, vamos aprendiéndolo con la democracia y por ser parte de la UE. Es importante tener partidas significativas en los PGE. Pero también evitar ejemplos bochornosos, como el proyecto de Tindaya y otros megaproyectos. Desgraciadamente, el debate público entre nosotros está lleno muchas veces de spam, baratijas y tópicos. Pero alguna gente empieza a estar cabreada, sin saber con precisión cuál es el origen de esa sensación que provoca malestar. Lo bueno es que eso les genera necesidad de cambio.

 

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