Tenerife

El Parque Taoro añora su encanto perdido

Es sabido que fue el lugar donde la colonia británica se reunía para disfrutar de su tiempo de ocio en el siglo XIX y XX debido al encanto que poseía.

El parque Taoro, ese gran pulmón verde del Puerto de la Cruz con unas vistas privilegiadas al Teide, añora el esplendor de antaño, cuando sus jardines estaban cuidados y se podía pasear apaciblemente sin necesidad de esquivar excrementos de animales, colillas de cigarrillos, mascarillas de diferentes colores tiradas por el piso o sentarse a leer en un banco en condiciones.

Todavía quedan vestigios del asentamiento británico en el lugar: la biblioteca inglesa, construida en 1903 y, desde entonces, punto de reunión para la comunidad de este país, y la Iglesia Protestante, primer templo anglicano en el Valle de La Orotava, que junto a la Casa del Párroco refleja muy bien el espíritu de la arquitectura británica de la época. Allí se organiza el primer sábado del mes un rastrillo que convoca a un gran número de personas, ávida
s por encontrar objetos curiosos y disfrutar del lugar.

Con una superficie de 100.000 metros cuadrados, el parque posee una rica vegetación que incluye distintas variedades de palmeras, laureles de indias, tabaibas, y dragos.

Se respira tranquilidad y, por eso, es el lugar elegido para pasear y hacer deporte. Son ellos mismos, turistas, vecinos y deportistas, los que se quejan de la falta de mantenimiento del recinto.

Una situación que, según algunos, lleva varios años mientras que otros argumentan que se acentuó en los últimos meses, “porque en marzo no estaba así”, subrayó un vecino del lugar que recordó que “hasta el mismísimo Franco” paseó por sus jardines “cuando se vino a quedar en el Hotel Taoro, que tampoco es lo que era”.

El parque está dividido en tres sectores diferenciados: los Jardines de La Atalaya, los del Casino, actualmente cerrados por la obra del hotel, y el Camino de la Sortija. Este último, que debe su nombre a las antiguas carreras de sortijas a caballo que allí se organizaban, es el que se encuentra en peor estado, quizás también por ser el más concurrido.

En su trayecto se colocó también, a propuesta de la ciudadanía, una placa en memoria de Francisco Jordán Franco, por su afán de conservación del parque. El sitio concreto se conoce como ‘El rincón de Paco’, y este último seguramente se pondría furioso al verse rodeado de restos de cigarros.
En la zona del aparcamiento, el pavimento se encuentra en mal estado, con baches y hay parterres destrozados.

Palmeras y plantas completamente secas, caídas, césped sin cortar y tramos de tierra sin igualar, con piedras, que suponen un peligro para los amantes del running o de los más pequeños cuando andan en bicicleta o en patinete, completan la radiografía actual del lugar.

El parque lo tiene todo, porque a su encanto natural se suman una cafetería, un parque infantil, zona de calistenia y otra destinada para perros, aunque estos pasean por todo el recinto menos allí.

Según la concejal de Obras de Mantenimiento y Servicios, Parques y Jardines, y Gestión de Residuos, Flora Perera, ello se debe a que “se ha detectado una deficiencia que se está intentando subsanar porque no cumple la normativa y la gente se queja de que los animales se escapan. Por eso se procederá a arreglar la valla y también algún juguete que no está en condiciones”.

Es cierto que no todo depende de las administraciones y de la empresa concesionaria del mantenimiento de jardines Zona Verde. Pero a la falta de conservación y limpieza se suma el poco civismo de la gente que deja tirados las cacas de sus animales, papeles, restos de comida y objetos de todo tipo, principalmente latas y mascarillas de diferentes tamaños, materiales y colores.

Hubo un tiempo en que el estanque que se encuentra casi al inicio era un deleite para muchas familias, sobre todo para los niños. Actualmente, no hay peces ni nenúfares, solo un poco de agua estancada, pero para poder vaciarlo se necesita una maquinaria especial que, además, facilitaría su mantenimiento, puntualiza la concejal.

Perera reconoce que la zona de riego sí ha fallado. Así se lo hizo saber a la concesionaria y se está solucionando. “El grupo de gobierno tiene una actuación planificada en el parque Taoro. Hubo una acción muy fuerte donde se procedió a hacer limpieza y poda, pero no cabe duda que la empresa concesionaria tiene que seguir”, apunta.

En este sentido, comenta que durante el estado de alarma la jardinería no era un servicio esencial. “Los trabajadores de la empresa estaban a media jornada y eso supuso un pasito hacia detrás porque hay muchos jardines que mantener en la ciudad”.

También se tiene que replantear la vegetación para intentar devolverle al recinto el esplendor que tuvo. En este sentido, uno de los proyectos es trasladar allí las palmeras y el drago que se ubican en los terrenos de la antigua piscina municipal, pero ello dependerá de la logística.

En lo que respecta a la parte de abajo, se arreglará la gran cascada, que lleva tiempo sin funcionar, y ya se ha recuperado alguna fuente.

“Sé que queda mucho por hacer en el Taoro, pero se está en ello, porque queremos que vuelva a hacer una zona de esparcimiento emblemática del Puerto de la Cruz”, promete la edil Flora Perera.

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