Sociedad

«Jamás cobré un solo duro de la política en aquellos tiempos»

Andrés Chaves junto a Lolina Pérez Luz FRAN PALLERO

Lolina Pérez Luz (Puerto de la Cruz, noviembre de 1927) tiene 93 años y fue la primera mujer concejala de Santa Cruz en la democracia. Es una de los cinco hijos del doctor José Pérez Trujillo, que tiene erigida una estatua en Santa Cruz, seguramente porque fue tan caritativo que jamás pasó una minuta a un pobre. Un hombre admirado, querido y respetado en toda la Isla. Conserva Lolina una increíble lucidez y una memoria de elefante. Su vida ha estado dedicada al servicio a los demás. Ha tenido dos hijos con su fallecido esposo, Filo Bonnet Mandillo, y es abuela de seis nietos. Uno de ellos, Miguel Bonnet, asiste a la entrevista. Vive en su piso del Toscal, en Santa Cruz, y se turnan para cuidarla tres asistentas. Se graduó en la Escuela de Comercio de Santa Cruz, pero antes había asistido al Colegio de La Pureza del Puerto de la Cruz, a la famosa Escuela de doña Rosa Machado y a las Dominicas de Santa Cruz. No existe cuestionario previo, no existe planificación de la entrevista. Incluso alguna vez la abrumo a preguntas y sale airosa, sin acordarse de ese vértigo que le da la lata de vez en cuando. Durante treinta años, y cuando hacía buen tiempo, se hacía piscinas y más piscinas en el Club Náutico. Como concejal de barrios y de jardines construyó treinta parques en Santa Cruz durante los mandatos de Manuel Hermoso. Es una luchadora, que presidió durante años la Asociación Española contra el Cáncer en Canarias. Ah, algo muy importante. Es madrina de la Banda de Música de San Andrés, que cada año la obsequia con un ramo de flores.

-Quien está como una rosa, Lolina, eres tú. Y a tu edad.
“Bueno, tengo ese vértigo que se me quita con pastillas y los oídos un poco duros, pero es que el gato…”.

-¿Qué pasó con el gato?
“Pues que se comió mis audífonos, que eran muy caros, los más sofisticados del mercado, y ahora oigo peor, pero nada grave”.
(Lolina es dueña de un enorme gato siamés que le trajeron de Tegueste y al que alimenta con sardinas frescas y con otros manjares de primera calidad. El gato es tan particular que cuando entra en la casa algún otro miembro de la familia, desaparece. Sólo quiere estar con su dueña. Pero es su mejor compañía y al que van dirigidos sus mayores mimos).

-Tu padre era un hombre extraordinario. Santa Cruz le dedicó un monumento, junto a CajaCanarias. Y hasta estuvo preso en Fyffes durante la guerra.
“Lo consideraron un rojo, alguien lo denunció; y él no lo era. Ni siquiera había manifestado su ideología. Pero toda su familia era de izquierdas y lo metieron en Fyffes. Él me contaba que pasó tres años en la enfermería, cuidando de los presos enfermos, hasta que lo liberaron. Mientras tanto, mi madre, Mercedes Luz Pestano, cuidaba de nosotros, sus cinco hijos, en la finca portuense de Las Dehesas, que nos habían cedido mis tíos”.

-¿Quién te metió en política?
“Fue Leoncio Oramas el que me propuso entrar en política con la UCD. Por un pequeño margen de votos no fui elegida diputada, al ir en la lista detrás de Esther Tellado, que sí salió elegida. Esther es amiga mía y colaboramos mucho en algunas iniciativas, como la Asociación de Amas de Casa”.

-¿Qué recuerdas de todo aquello?
“Pues que fue una etapa muy bonita. Nadie cobraba un duro por lo que hacía, todo era voluntario, vocacional, trabajábamos por los demás y por nuestra tierra sin recibir nada a cambio. Y no como ahora”.

-Creo que una vez tuviste que llamar a la Policía Local: tu casa se inundó.
“¿Y cómo te has enterado? Fui al baño y me encontré un charco de agua. Llamé a la Policía Local y acudieron dos agentes muy amables. Me dijeron: “Doña Lolina, váyase usted al salón, descanse, que nosotros nos ocupamos de todo; no se esté molestando en evitar que el agua llegue hasta aquí”. Limpiaron todo, detuvieron la fuga y arreglaron la avería. Resulta que uno de los policías me conoció, porque era de San Andrés, barrio del que yo había sido concejal. Fueron muy amables”.

-Tu tío Domingo, socialista que fue, tiene un busto en la Plaza del Charco del Puerto.
“Sí, con la leyenda ‘Un hombre bueno’. Vamos a ver, yo creo que se la ganó porque vio a gente pobre que pedía bajo su casa, le quitó el colchón a su madre y lo tiró por la ventana para que quien lo cogiera pudiera tener un lecho donde dormir. Y supongo que por otras cosas buenas que hizo”.

-¿Ya no juegas al bridge, Lolina?
“No, el bridge es un juego muy difícil y yo lo practiqué durante quince años, pero ahora a lo que me he aficionado es a ver los partidos de billar por la televisión. Me paso horas siguiéndolos y controlando todos los movimientos. Es apasionante”.

(Y entonces Lolina empieza a hablarme de Ronnie O´Sullivan, inglés, ganador de seis campeonatos del mundo de snooker, modalidad de billar para dos jugadores, que hace maravillas sobre un tapete. O´Sullivan, de 45 años, es su ídolo. “El Cohete”, como se le apoda, ha ganado unos diez millones de libras jugando al billar).

-Creo que de la UCD pasaste directamente a la Monarquía -le pregunto, en broma-.
“No, porque yo soy monárquica de Felipe VI, no del rey anterior. Así que soy una monárquica de esta época y tengo una foto dedicada de los Reyes en mi casa. Me la enviaron cuando felicité a su majestad por su cumpleaños”.

-¿Tienes preferencias entre tus nietos?
(Mira a Miguel de reojo, sin decir que sí ni que no, y añade: “Es que este está conmigo desde chiquitito”. Miguel está casado con Laura Ballesteros Fernández de Calella y tienen dos hijos. José Ramón Ballesteros, que es mi amigo y suegro de Miguel, asiste también a la entrevista. Es bonito ver a una familia unida, bajo el manto de esta matriarca, que no aprendió demasiado de la cocina de su madre, Mercedes Luz Pestano, que era una excelente repostera, como mucha gente de La Orotava).

-¿Es verdad que se te da Internet a las mil maravillas?
“Sí, yo a mis 93 años manejo el ordenador y algunos sistemas, como el WhatsApp, el Skype y el Window 2018. La verdad es que estoy muy contenta de poderme comunicar con el mundo, y enterarme de todo, a través de Internet. No tengo ningún problema con eso”.
-¿Cuántos de tus cinco hermanos viven?
“Sólo dos, mi hermana Maruja, que está muy malita, y yo”.

-¿Por qué te graduaste en la Escuela de Comercio?
“Porque don Chano Castro, que era el abogado de la familia, le dijo a mi padre: mete a esta niña, a la más chica, en Comercio, porque es la más lista de tus hijos. Y al acabar el bachiller en las Dominicas, aquí en Santa Cruz, ingresé en la Escuela de Comercio con profesores como don Enrique Ramírez, don Ricardo Hogdson y con Pérez Faraudo, entre otros, todos ellos muy buenos docentes”.

-Colaboraste con las Amas de Casa, con la Asociación San Miguel, con la Lucha contra el Cáncer. Siempre gratuitamente.
“Por amistad con Isolita Santoveña y con Esther Tellado me impliqué en la Asociación de Amas de Casa de Santa Cruz. Eso fue antes de entrar en política. También colaboré con la Asociación de Cooperación Juvenil San Miguel, que tanto bien ha hecho entre los jóvenes. Ya luego fue todo trabajo municipal, cuidando los barrios de Santa Cruz, creando parques donde la gente pudiera pasear y llevar a sus hijos. Fue una labor muy dura la de aquella corporación, con muy pocos medios, en la que estaban Manuel Hermoso, Adán Martín, Miguel Zerolo, Luis Suárez. Incluso me bajé puestos de la lista electoral para que algunos de ellos salieran elegidos con seguridad, pero yo también lo conseguí. Fueron tiempos duros, te repito, y también muy bonitos”.

-Pero tu gran labor al servicio de los demás fue en la Asociación Española contra el Cáncer.
“Me ofrecieron la presidencia de la sección de Canarias en el entierro de quien la presidió durante años, Luis González de Chaves. Y acepté. Me ayudaron mucho desde el Ayuntamiento y desde el sector privado. Le debo tanto a personas como Juan Fuentes Tabares. Pusimos la Asociación a la cabeza de las de toda España y llegamos a celebrar un sorteo de la Lotería Nacional en Tenerife, a beneficio de la lucha contra el cáncer. Fue un éxito. En mis tiempos organizamos el voluntariado de apoyo, que aún sigue funcionando y que realiza una encomiable labor por los enfermos”.

-¿Qué recuerdas de tus tiempos portuenses? Te lo pregunto de portuense a portuense. Porque tú eres familia del gran Isidoro Luz Cárpenter.
“Claro que soy familia de Isidoro. Recuerdo algunas cosas. El colegio, las bromas de mi padre. Yo nací el día de San Andrés y además de Dolores me pusieron Andrea. Mi padre, el día que corrían los cacharros en el Puerto, el 30 de noviembre, me hacía rabiar diciéndome: “Andrea, alza la pata y mea”. Guardo un imborrable recuerdo de mi padre, una persona dedicada al servicio de los demás desde su labor de médico. Un hombre cien por cien vocacional, consagrado a su profesión”.

(Lolina derrama unas lágrimas cuando su nieto Miguel le enseña un cartel como candidata a unas elecciones por la UCD. Dice que guarda en su casa una caja llena de pins de la época y de recuerdos de aquellos tiempos, en los que todavía ningún político cobraba una peseta por su trabajo. Está pendiente de todo, no se le escapa un detalle. Recuerda, con gran nitidez, a personajes de la época y a sucesos que ocurrieron en los setenta, tras la muerte de Franco. Primera concejala democrática de Santa Cruz –llamo a José Arturo Navarro Riaño para confirmarlo-; luego llegaron Ana Oramas y Marisa Zamora. Pide de postre unos huevos moles, tan famosos en Los Limoneros).

“Este postre lo cocinaba aquí Rosalba Mascareño, que aprendió a hacerlos con un Bonnet, primo de mi marido. Siempre me ha gustado”.

-¿Le perdonaste a tu gato la ingesta de los auriculares?

“No fue así, hombre, es que al gato le gusta el fútbol, se los encontró y le fue dando pataditas; luego dicen que se los comió”.

(Lo cierto es que el gato, enorme y gordo, siente debilidad en este mundo solamente por su dueña. Y ya digo que desaparece cuando entra alguien en casa que no sea ella. Todavía esta mujer de 93 años da algunos paseos y acude a la entrevista elegantemente vestida. “Cada uno está orgulloso de lo que tiene”, me dice. Es historia viva de la ciudad, tiene un buen recuerdo para otro alcalde, José Emilio García Gómez, y terminamos contando anécdotas del padre Salvador Sierra Muriel, el famoso fraile franciscano al que ella, naturalmente, también conoció. Genio y figura).

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