Politica

González apela al acuerdo entre diferentes para gobernar la incertidumbre del mundo actual

Europa Press

“La única certidumbre que tenemos es la incertidumbre”, afirmó ayer el expresidente del Gobierno español Felipe González. Lo habían invitado a dar una conferencia para inaugurar el ciclo ‘Encuentros con el futuro’, organizado por el Consejo Social de la Universidad de La Laguna, y González esbozó un panorama lleno de complejidades, apelando al acuerdo entre diferentes y destacando el papel de la UE durante la actual crisis económica, aunque criticó su falta de política migratoria, Aunque la conferencia de González fue ‘online’, había una mesa presencial con varios participantes en el Auditorio de Tenerife, entre quienes estaban la presidenta del Consejo Social de la ULL, María Dolores Pelayo, la rectora, Rosa María Aguilar, el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, la directora de la Fundación Felipe González, Rocio Martínez-Sampere y el escritor y periodista Juan Cruz.

Precisamente fue Juan Cruz quien recordó el viaje que hizo González en los setenta, cuando el entonces joven secretario general era conocido como Isidoro, su nombre en la clandestinidad, y socialistas históricos como Domingo Pérez Minik o José Arozena, junto a otro mucho más joven, Antonio Carballo Cotanda, fueron a su encuentro al aeropuerto de Los Rodeos para escuchar qué visión tenía aquel líder aún desconocido para Canarias. Han pasado ya muchos años y González tiene la misma edad que Joe Biden, nuevo presidente de EEUU, como recordó ayer dos veces, no se sabe bien si para evidenciar que ya es talludo o para reivindicarse ante quienes piden, dentro de su partido, que los socialistas históricos sean menos beligerantes con la nueva dirigencia del PSOE.

Pero González dejó claro que a él le interesa el debate actual y que incluso le cuesta meterse en los archivos de la Fundación que lleva su nombre, con la documentación que generó durante sus años como líder del PSOE y presidente español. “Me comprometen más las iniciativas que tienen una proyección hacia el futuro”, aunque defendió que hay que saber bien de dónde venimos para ver para dónde vamos .

González no envidia, dice, a los actuales gobernantes que tienen que afrontar la pandemia. Si el papel de los líderes es ser “proveedores de certidumbres”, menudo momento endemoniado. Y recordó cómo países que habían tenido buenos datos durante la primera ola, como Alemania, Suecia y Uruguay, ahora lo están pasando francamente mal. Tampoco sabemos, recordó, si habrá una tercera ola o cómo de rápida será la inmunización, y si la vacuna llegará rápido a los países más pobres, algunos de los cuales están muy cerca de territorios como Canarias.

González también se atrevió a pronosticar una recuperación de la estructura productiva desigual y “sectorial”, aunque ni siquiera podamos saber todavía el daño ocasionado por la pandemia. En todo caso, reconoció que “todo lo que dependa de la movilidad humana va a quedar muy tocado”, como el turismo. Y aunque todos más o menos lo intuimos, no deja de ser una desgracia escucharlo de otra boca más. Cuando él era líder, aseguró, siempre se ponía en la peor opción para ver todos los recorridos posibles. “No ofrecía un Edén que después no podía cumplir”.

Y ahí fue cuando González se puso a alabar la reacción de la UE ante la crisis actual, donde se ha dotado de un fondo de reconstrucción de 750.000 millones de euros entre ayudas directas y préstamos orientado a una transformación ‘verde’ y digital de la economía europea. “Europa ha reaccionado muy bien”, y lo comparó con la pésima actuación durante la crisis de 2008, que ha dejado muchos damnificados por el camino que aún no se habían recuperado de aquella crisis y ahora tienen que afrontar una nueva. Sobre todo, una generación que ahora ronda los 40 y que se ha incorporado al mercado laboral surfeando dos hecatombes económicas. Ahora bien, las alabanzas a la UE no le impidieron criticar “la falta de política migratoria de la U.E”, con especial impacto en zonas como Canarias, de donde recordó que salieron miles de personas en otras épocas rumbo a la emigración por las consecuencias devastadoras de la guerra y el hambre.

El europeísmo de González, defendió, emerge de la convicción de que es necesario el pacto entre los diferentes sectores políticos. “Los pilares de la U.E se asientan en la convivencia y el respeto al Estado de derecho” y cree que el debate político, también más allá de España, está “cargado de prejuicios políticos”, y que “lo razonable está desapareciendo del debate público”. Por eso alertó contra “la política del odio” y “las fracturas en las familias”.

Uno no sabía muy bien a quién se refería González exactamente como responsable de este proceso. Más explícito fue cuando lanzó una pulla a aquellos compañeros de partido que lo critican por que algunos de sus comentarios coincidan con personas que militan en la derecha. Dice que él está cada vez más preocupado por dar solución a problemas concretos, apostando por acuerdos transversales para lograrlo.

Con ese espíritu se recordó ayer un par de veces a Alfredo Pérez Rubalcaba, cuyo legado político gestiona también la Fundación de Felipe González. “Solo los que tienen convicciones fuertes son capaces de llegar a acuerdos”, decía Rubalcaba, recordó Rocío Martínez-Sampere sobre el también exlíder socialista, otro representante de la generación histórica del PSOE, muy crítica con Sánchez. Pero la historia es cíclica: de hecho, el liderazgo del joven González también supuso una ruptura con el viejo PSOE republicano de Rodolfo Llopis, cuyo legado no frenó a los jóvenes dirigentes socialistas de los setenta, que consideraron que había llegado su momento.

En esa clave de reflexión socialdemócrata recordó Juan Fernando López Aguilar unas palabras de Willy Brand, líder histórico del SPD, sobre la capacidad de la socialdemocracia para adaptarse a nuevos desafíos históricos manteniendo los mismos principios de libertad, igualdad y justicia social. González también reivindicó a Brandt, con quien le unió una buena amistad. Y dijo estar en contra del “neoliberalismo”, pero no para que se le oponga “el neopobrismo”, sin ser explícto, de nuevo, sobre a quién se refería. “Olof Palme decía que su objetivo no es que no hubiera ricos, sino que no hubiera pobres”.

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