Sociedad

La xenofobia, ese fantasma que amenaza a Canarias

Gracias a las manifestaciones impulsadas por Onalia Bueno, el New York Times cita a Mogán como ejemplo de xenofobia y aporofobia en España. Canarias 7

Asomó la cabeza por estos lares durante la década pasada. A la llegada de cayucos la llamaban invasión, a sus ocupantes los tacharon de ilegales. Pero el viento soplaba en su contra.

Entonces, el nacionalismo canario seguía cómodamente en el poder mientras que la ultraderecha invernaba en el cuarto oscuro del PP. Los canarios no eran conscientes de lo que se les venía encima con el estallido de la burbuja inmobiliaria cuando, en noviembre de 2006, dieron la espalda a una manifestación en Santa Cruz de Tenerife que, con la excusa de la ley de Residencia, mostró un rechazo al extranjero impropio en esta tierra de acogida y de un pueblo cicatrizado de los latigazos que conlleva emigrar.

Ahora, con la reactivación de la inmigración irregular, retorna el fantasma de la xenofobia, del odio al extranjero, llenas sus alforjas de fobia al pobre. También enseña su garra el racismo propiamente dicho con el exalcalde lagunero José Alberto Díaz (Coalición Canaria), que la semana pasada ya buscaba rédito político con una falsedad contrastada como es decir que el Gobierno de Canarias trata mejor a los inmigrantes que a los residentes, exaltando así a la ‘raza’ local frente a otras.

Todo a favor

A diferencia de la década pasada, el fantasma de la xenofobia tiene ahora el viento a favor. El actual retorno de los cayucos y las pateras se produce cuando las Islas apenas se recuperan de la crisis anterior y se enfrentan a otra sin su gallina de los huevos de oro, el turismo, estéril por mor de la pandemia.

Cuanta mayor es la miseria, mejor es el caldo de cultivo donde se cocina el rechazo al extranjero y basta con recordar que uno de cada tres isleños ya era pobre o estaba en riesgo de serlo en 2019.

El racismo y la xenofobia no solo son un problema social, sino también político, Aunque la ultraderecha no logró el año pasado representación en las instituciones canarias, la cúpula de Vox sabe que la nueva crisis migratoria es una gran oportunidad para salir de su insignificancia en las Islas, impropia para la actual tercera fuerza de España. Por eso su líder, Santiago Abascal, hizo una gira el pasado mes por varias islas para propagar un mensaje nítido, pero en absoluto novedoso: lo que llama “invasión migratoria” (¿les suena?), “está destruyendo la imagen de Canarias”, una tierra “que se desangra y ve perder su economía”.

Tampoco ayuda, desde la perspectiva política, que la principal fuerza nacionalista del Archipiélago inicie su particular travesía por el desierto de la oposición, terra ignota para una formación que nació en el poder. Sin relato conocido que reavive el entusiasmo de unos coalicioneros ‘huérfanos’ de su líder, Fernado Clavijo, desterrado en el Senado por mor de sus problemas judiciales, Díaz sucumbe a la tentación y denomina “campos de concentración” a los cuarteles que se habilitan para acoger a inmigrantes en La Laguna. La derechización estimulada por Clavijo alienta el temor de que la ultraderecha canaria controle Coalición Canaria, en vez de abandonar a la nave nodriza, como pasó con Vox y el PP.

Epicentro en Mogán

Donde más fuerte ulula el fantasma de la xenofobía isleña es en Mogán. Su alcaldesa, Onalia Bueno (coaligada con CC) ha pasado en dos meses de ser detenida por presunta compra de votos a sembrar de minas el conflicto originado por el fracaso estatal en la acogida de los inmigrantes llegados a Canarias.

Fue Bueno quien pagó guaguas a los liberados en Arguineguín para que no se quedaran en el pueblo, quien exige la salida de los inmigrantes de los hoteles y quien agita la sensación de inseguridad en su municipio, pese a que la tasa de criminalidad ha caído en un 30%.

De esos polvos han salido los lodos de la manifestación de rechazo a los inmigrantes ante un hotel de dicho municipio, los bulos de una paliza a un joven de la localidad por la que, en realidad, se detuvo a otro ciudadano español y los ataques a la Cruz Roja por su labor humanitaria.

Vuelve un fantasma temible, el de la xenofobia. Ajeno a la idiosincracia de los canarios. sí, pero con todo a favor para convertirse en una enfermedad que gangrene, en lo social y lo político, a este pueblo.

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