Cultura

Una música que suena a esperanza

El coro, que inició su actividad en noviembre del año pasado, prepara en estos momentos diversos villancicos para las fiestas navideñas. / Sergio Méndez

No son días fáciles para nadie. Sin embargo, quizás por eso mismo, cuando el distanciamiento social se ha convertido en una prescripción que hemos de asumir para cuidarnos y, sobre todo, para cuidar a quienes están a nuestro lado, las cosas que nos acercan se muestran de una forma distinta. Con un valor que seguro que siempre ha estado ahí, pero que a lo mejor no percibíamos precisamente porque lo cotidiano se empeñaba en ocultarlo.

La Obra Social La Milagrosa, que gestiona el comedor de la calle de La Noria, en la capital tinerfeña, posee un coro desde hace algo más de un año, un singular proyecto musical en el que participan algunos de los usuarios de este recurso. Mujeres y hombres sin medios económicos, con sus biografías, sus problemas, sus necesidades y sus sueños, que acuden allí para alimentarse. Antes del coronavirus, para almorzar y cenar, y ahora, en medio de las restricciones a las que obliga la COVID-19, a recoger los alimentos.

Y aunque solo con eso ya sería muchísimo, la labor que se desarrolla en el comedor social, que dirige sor María del Carmen Hernández, es bastante más amplia y compleja. Tiene que ver con aspectos como la autoestima, la integración, la lucha contra la soledad y las segundas, terceras o décimas oportunidades. En definitiva, con la esperanza.

“La música es terapéutica y aporta un sentido de pertenencia a la comunidad, de normalización”, expone Belén Peyró, trabajadora social del comedor La Milagrosa, quien detalla que los perfiles de quienes participan en este proyecto corresponden a personas sin hogar, con diversidad funcional, mayores, drogodependientes o con problemas de salud mental. Como es de suponer, en muchos de los casos varias de estas circunstancias se dan en un mismo participante.

INTEGRACIÓN

“La idea ha sido crear un grupo folclórico conformado por personas en situación de vulnerabilidad, de exclusión social, y que, a través de este aprendizaje, se produzcan cambios”, apostilla Peyró. “Pero no solo cambios en ellas -puntualiza-, sino también en el resto de la comunidad, para que sean percibidas como los ciudadanos y ciudadanas que son. En los últimos tiempos se han puesto de manifiesto mucho más los prejuicios sociales hacia las personas sin hogar, y con ello me refiero tanto a quienes viven en la calle como quienes duermen en casas patera o están de okupas”.

Belén Peyró: “La música es terapéutica y les aporta un sentimiento de pertenencia a la comunidad”

Por ese motivo, Belén Peyró incide en que el coro, una idea de sor María del Carmen, quiere ser un grupo de música, sin añadirle ningún tipo de etiqueta que contribuya a establecer esa frecuente, inapropiada y, por encima de todo, injusta, diferenciación entre nosotros y ellos.

“Me siento muy bien trabajando con ellos. Personalmente, es una labor gratificante: poder ayudarlos a salir adelante, sacar una sonrisa a gente que lo ha pasado muy mal en la vida, es lo mejor de mi trabajo”, asevera Filiberto López, monitor y director de esta experiencia. “Aquí no hay diferencias de ningún tipo, somos todos una piña”, recalca, al tiempo que explica que la crisis sanitaria de la COVID-19 le ha llevado a distribuir a los músicos y cantantes en grupos que ensayan en días diferentes.

Los ensayos se desarrollan al aire libre y en grupos reducidos ante la situación de pandemia. / Sergio Méndez

COOPERACIÓN

“Cuando alguien llega, lo primero que le pregunto es si quiere cantar o aprender a tocar un instrumento. Si, por ejemplo, me dice que le gusta la guitarra o el timple, comenzamos por los acordes, por el ritmo… A algunos les cuesta más y a otros menos. El que más sabe, ayuda al que comienza, de manera que poco a poco todos van avanzando”.

Tanto Belén Peyró como Filiberto López coinciden en la importancia que posee para los integrantes de este proyecto mostrar al público su música. Algo que en las actuales circunstancias es muy complicado. No obstante, si el coronavirus lo permite, el coro de la Obra Social La Milagrosa interpretará los villancicos que han preparado para esta Navidad en la iglesia de La Concepción o en el exterior, aunque sea en grupos reducidos.

Filiberto López: “Ayudarlos a salir adelante, sacar una sonrisa a gente que lo ha pasado muy mal en la vida, es lo mejor de mi trabajo”

“En ocasiones, alguno de ellos se me acerca entre lágrimas para mostrar su agradecimiento por participar en este grupo, por no sentirse solo, por tener un nuevo objetivo en la vida y poder desconectar de sus problemas”, asegura López. “Iniciativas como esta, o como los talleres y cursos que se imparten en el comedor, deberían ser más frecuentes y existir en otros lugares: la gente las necesita”, añade.

FUNDACIONES LA CAIXA Y CAJACANARIAS

Tal y como explica Belén Peyró, el proyecto del coro se puso en marcha en octubre de 2019, gracias a una subvención de 10.000 euros otorgada por las fundaciones La Caixa y CajaCanarias que permite sufragar parte de su presupuesto. La pandemia obligó a cesar la actividad, que se retomó en junio pasado. Los ensayos se han venido desarrollando ahora al aire libre, los martes, jueves y viernes, en grupos reducidos de un máximo de seis personas.

ALFABETIZACIÓN DIGITAL, HIGIENE EN TIEMPOS DE COVID, ALIMENTACIÓN…

La Obra Social La Milagrosa, trabajando en red con el proyecto La Casa Verde, de la ONG Nuevo Futuro, ha obtenido el apoyo del Gobierno regional para proyectos de inclusión social y de educación e higiene. El centro desarrolla talleres de alfabetización digital, “algo fundamental para la inserción sociolaboral”, apunta Peyró; el denominado Comer con el corazón, con el que los usuarios adquieren alimentos en determinados puestos del Mercado de Nuestra Señora de África, y de educación e higiene en tiempos de COVID. “Solo el hecho de ir a la peluquería, lo que no podían permitirse, supone un notable refuerzo de la autoestima, de la percepción de la propia imagen”

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