Sociedad

Esta vez, la suerte vino en caballo hasta La Chasnera

Un caballo junto a su dueño, invitados inesperados a la fiesta de ayer en La Chasnera. J. C. M.

La euforia se desató en la gasolinera más popular de España por Navidad cuando pasaban dos minutos de las once de la mañana. A esa hora, los niños del Colegio San Ildefonso entonaban el Gordo y de inmediato aparecía la estación de servicio del kilómetro 44 de la autopista del Sur en todas las terminales de Loterías y Apuestas del Estado.

Apenas 12 minutos después se repetía la liturgia de todos los años: el propietario del surtidor, José Miguel González, acompañado de sus hijos y los empleados, descorchaba el cava entre risas, aplausos, cánticos y saltos frente a una nube de cámaras y micrófonos testigos de una formidable rutina. Firmaban así, un año más, la portada de periódicos e informativos de televisiones y radios. La Chasnera agrandaba su leyenda y volvía a por sus fueros con el Gordo.

La escena la contemplaba a unos 30 metros un sorprendente visitante que rompía el día de la marmota de cada 22 de diciembre en la popular gasolinera sureña: en pleno festejo, como un presagio que no llegó a tiempo por unos minutos, asomó por un pequeño montículo junto al tren de lavado un caballo blanco, de aspecto noble y fina estampa, junto a su dueño provisto de sombrero y una mascarilla que recordaba a aquellos pañuelos que se anudaban al cuello los forajidos en las películas de los sábados por la tarde. Animal y propietario no quitaban ojo de la celebración y cuando comenzaron los cánticos de “Sí, sí, sí, el Gordo ya está aquí”, el segundo ordenó al primero dar la vuelta y regresar al camino de polvo tras constatar que aquella película no iba con ellos.

La soleada mañana y el madrugador trasiego de periodistas en la estación ya presagiaban un día grande en la gasolinera granadillera, situada junto a la principal vía de comunicación de un Sur mustio, apagado, que vive sus meses más amargos por el desplome turístico. Mientras Román Luis De Borges, micrófono en mano, ejercía de informador y animador a la entrada del establecimiento -sujeto a las normas de seguridad sanitarias- los clientes apuraban el café con leche y la pulguita de media mañana en la terraza exterior, aunque sin perder detalle del sorteo.

Minutos antes de que el 72.897 se deslizara desde el bombo hacia la copa, un cliente barruntaba con cierta sorna el inminente guiño del azar: “Todos los años pidiendo que nos toque el Gordo, y este año, que pedíamos salud, ya verás como nos va a tocar”. Otro ya asignaba destino a los millones: “A ver si le toca a los políticos del Cabildo para que empichen esa autopista, que da pena verla”.

Después de un cuarto y tres quintos premios, el Gordo se cantó como un gol decisivo en una final. Hasta el empleado que a esa hora atendía a los vehículos que paraban a repostar apretaba los puños y los alzaba al aire. Minutos más tarde llegaba, trajeado y con el cartel de rigor para colocar a la entrada de la tienda de la gasolinera, el delegado provincial de Loterías y Apuestas del Estado, Luis de Montis, al que las cámaras y micrófonos no dieron tregua. Cuando los bombos dejaron de girar, se personó, exultante, el alcalde José Domingo Regalado: “Entre la gasolinera y el equipo de fútbol femenino, Granadilla es líder”.

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