Sociedad

Navidad en pandemia y con termitas

Ana Valladares es una vecina de Tacoronte que lleva años luchando contra las termitas. Concretamente, contra la ‘Reticulitermes favipes’, una especie invasora subterránea, muy destructora, originaria de Estados Unidos, y que se alimenta de madera, plantas e incluso libros. Destruye todo lo que encuentra a su paso.

Se desconoce cómo esta especie de termitas llegó hasta Tenerife pero fue en el año 2010 cuando se eliminó el primer foco en Tacoronte. Dicen que por aquel entonces, los vecinos que detectaron las termitas en sus casas no dijeron nada porque querían vender sus viviendas. Era la manera, dicen, de no perder dinero a la hora de deshacerse de ellas. Y desde ese momento, el problema ha ido a más.

Ana sufre esta plaga de termitas en su casa desde finales de 2018 y asegura que este hecho que ha arruinado su vida y la de su familia. Durante este tiempo ha sufrido muchas crisis de ansiedad y ha necesitado medicación para poder llevar esta situación que dice que “le quita la paz que debería tener”.

Cuenta incluso que hace unas semanas la han operado de un tendón de uno de los brazos porque se resbaló y, al no tener muebles donde apoyarse, cayó al suelo.

“Tengo todo comido por las termitas. Tengo la casa muy deteriorada. La tengo fatal y cuando me paro a pensar me dan muchas ganas de llorar”. Esta invasión me ha destrozado y arruinado la vida. Nunca pensé que mi casa se la comería un bicho que ni siquiera conozco”. Son las frases que más repite Ana.

Esta vecina de Tacoronte lleva casi tres años intentado acabar con las termitas, pero lo cierto es que no han tenido el efecto que ella esperaba. Ha probado todos los remedios que le han dicho para intentar acabar con esta plaga pero ninguno, hasta ahora, ha funcionado. Ha estado usando lejía para pulverizar los muebles, puertas y vigas pensando que de esta forma podría matar a las termitas, pero lo cierto es que no ha podido.

Tratamiento actual

En estos momentos Ana tiene un tratamiento en su casa que han tenido que costear ella y su marido. Nos cuenta que ha tenido que gastar 7.000 euros y que aún lo está pagando. Es un tratamiento específico, potente, que parece que “ha frenado algo la invasión” de termitas, pero no del todo. Asegura que ante la posibilidad de que las termitas se activen y sigan destruyendo lo que queda de casa, no podría sobrellevarlo.

Navidad

“Entre la pandemia que tenemos y los problemas que tengo en casa con este bicho, lo único que pido al nuevo año es salud. Pongo las cosas de Navidad para olvidarme de cómo esta mi casa, porque me anima un poco, porque el ánimo lo tengo por los suelos”. Así relata Ana cómo se siente y cómo vive estas fechas navideñas.

“A veces me paro a pensar y de la impotencia lloro desconsoladamente. Todos tienen sus casas adornadas y bonitas y yo no. No tengo ni muebles. Los que tengo son de plástico y esto es muy duro. A veces salgo de mi casa para no pensar”

Cuenta que este año ha sido “terrible” para ella y que sigue viviendo en esa casa porque no tiene otro sitio al que ir. “Sinceramente, yo me iría a otro lado. Con todo lo que tengo encima me iría a un piso de alquiler, pero nadie me ha ofrecido casa ni ayuda y yo no puedo costeármelo”.

La posición del Ayuntamiento

Ana asegura que el Ayuntamiento de Tacoronte no le ha ayudado. Cuenta que “le dejaron abandonada como una colilla” y que nadie se ha preocupado por ella. “He echado en falta una llamada telefónica del alcalde para saber cómo me encuentro anímicamente”.

En 2017, el Ayuntamiento decidió tratar la plaga con un tratamiento que tenía un coste elevado. El Ayuntamiento otorgó ayudas a los vecinos afectados por la plaga, pero Ana y su familia no recibieron ninguna.

Ana asegura que que le excluyeron de esas ayudas porque tenía pendiente el pago de unos impuestos y que el Consistorio entendió que era motivo para no ayudarla. Algo que ella ve desproporcionado porque no le dieron opción para pagar esas deudas.

“O pagas los rodajes o pagas el tratamiento para matar los bichos, me dijeron. Y opté por eliminar los bichos y salvar mi casa”, dice Ana mientras se le quiebra la voz.

“Me he resignado a vivir así. No pido lujos sino tener mi casa normal, como todas las personas. Una casa donde poder vivir sin escuchar el crepitar de la madera. El sonido que demuestra que las termitas se comen mi casa, que es lo único que tengo”.

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