Cultura

“La idea de este libro nace hace años, cuando leo las cartas de mi abuelo sobre lo que pasó en Madrid en el 36, hasta que fue detenido y fusilado”

Julio Fajardo Sánchez acaba de publicar el libro ‘En medio del tumulto, quédate conmigo’. / Sergio Méndez

Julio Fajardo Sánchez (La Laguna, 1942) acaba de publicar En medio del tumulto, quédate conmigo (Adarve, 2020). Se trata de un libro que en realidad comenzó a escribirse en la mente de su autor muchos años antes, en plena juventud, desde el momento en el que conoce la existencia de unas cartas, las de su abuelo, escritas en Madrid en 1936, a partir de la victoria del Frente Popular en las elecciones y todo lo que vino después. Con ese material como punto de partida, Julio Fajardo escribe un relato familiar que, afirma en esta entrevista con DIARIO DE AVISOS, no quiere ser una revisión ni una interpretación histórica, sino más bien el fruto de la voluntad de refrescar la memoria acerca de una época, sirviéndose para ello de una serie de testimonios de primera mano. En medio del tumulto, quédate conmigo puede entenderse también como un relato íntimo acerca de un conjunto de personas que, con ideas a menudo no coincidentes, trabajaron juntas para lograr que España pasase de una dictadura a una democracia de la manera menos traumática posible.

-El comienzo de su relato se sitúa en Madrid en 1936, con la victoria del Frente Popular. ¿Cómo surge la idea de crear una obra que habla de un tiempo tan convulso en España, a la vez que fija la mirada en el discurrir de la vida de una familia en esa época?
“La idea de este libro llevaba mucho tiempo ahí. Desde el momento en que descubro, muy joven, que existen unas cartas en mi casa en las que mi abuelo relata todo lo que ocurrió durante esos meses en Madrid, hasta que es detenido y fusilado. ¿Por qué no lo escribí antes? Porque, según confieso en el propio libro, estas cuestiones actuaron en España durante años como un baldón. Prefieres callar, sobre todo si no estás cómodo con el régimen político, el franquismo, que hay en ese momento en el país. Siempre habrá alguien que diga: “Si usted tiene un pariente al que han fusilado en Paracuellos, es una persona sospechosa”. Toda mi vida he sido antifranquista y demócrata, y participé directamente en la Transición. Pero justo cuando aparecen las amenazas que intentan demoler el sistema del 78 es cuando me digo que las cosas hay que situarlas en su sitio. Mi libro no es una revisión, sino un relato íntimo acerca de unas circunstancias que conozco perfectamente y a las que me apetecía darles una forma literaria. Creo que he conseguido escribir un relato con un cierto interés literario, más que otra cosa, porque no tiene un interés político de ningún tipo. Aunque haya gente que lo afirme, eso no es verdad”.

“Me propuse poner de manifiesto una realidad sin falsificar nada ni arrimar el ascua a ninguna sardina”

-¿Qué ha buscado y qué ha encontrado con el recurso de presentar la correspondencia entre ese padre que se queda en Madrid mientras su familia se traslada a Canarias?
“No he ido a buscar nada. Lo que cuento en el libro ya lo sabía. En todo caso, lo que hago es refrescar la memoria, pero poco más. Tener una versión de primera mano de los hechos me pareció bastante más limpio que recurrir a los análisis de prensa de la época y a cuestiones que, más que nada, distraían de la realidad. Ofrezco una realidad extraída de unos testimonios directos y personales. Esa realidad no está contrastada, ni tengo interés en hacerlo. El planteamiento que hago no busca aportar más luces a una investigación. No, no es eso. Me propongo poner de manifiesto una realidad a través de una experiencia, la de personas que vivieron esa realidad. Una experiencia en la que no se falsifica nada y donde no se intenta arrimar el ascua a ninguna sardina”.

-¿En qué ha consistido el proceso literario de crear a partir de la realidad?
“Al escribir nunca me sentí esclavo de los hechos. Los asumo como tales y, desde mi punto de vista, es un material que está en un segundo plano. Los hechos no me condicionan. Cuento una sensación de tipo personal, un relato íntimo de las circunstancias que me llevan al conocimiento de esos hechos. El contenido documental del libro no condiciona lo que quiero expresar. Es una base fundamental para el libro, pero no lo considero lo más importante”.

“Cuestionar la Transición no es algo que surgió hace poco en  una plaza de Madrid; estuvo ahí siempre”

-Hablamos de unos años terribles, que aún hoy suscitan polémica y juicios encontrados. ¿Considera que ahora, en pleno siglo XXI, contamos ya con un relato fidedigno de lo que ocurrió en España antes, durante y después de la Guerra Civil, o aún quedan aspectos que mostrar?
“En España no hay ningún relato fidedigno, pero en ninguna parte del mundo existe algo así. Todos los relatos acerca de asuntos importantes y convulsos de la historia son susceptibles de interpretación. Cada uno hará la que crea conveniente. No pretendo entrar en el debate de las interpretaciones históricas. Incluso lo dejo a un lado, porque considero que no es lo importante. Lo fundamental ha sido enfrentarse a una realidad que posee un componente literario interesante e intentar aprovecharlo. El libro avanza por otros territorios más complicados que no tienen que ver con el hecho de los años de la Guerra Civil”.

-¿Cómo presentaría la historia de esta familia? ¿Qué es lo busca trasmitir con este relato?
“La historia de esa familia coincide con la de los últimos conflictos que ha tenido este país. Cuando analizas el devenir de unos hechos que te afectan familiarmente, la estás emparentando no solo con la Guerra Civil, sino con gran parte de la historia de este país. A mi bisabuelo lo matan en Cartagena, en una de las revoluciones que la gente ignora que ocurrieron en el siglo XIX, porque aquí parece que no hubo más revoluciones que las que provienen de la Segunda República, y eso no es verdad. Hay levantamientos muy violentos en esa época, como, por ejemplo, la Guerra de Cuba, en la que mi abuelo participa y pierde un brazo. En fin, hay un montón de hechos históricos que hacen caer al país en una enorme depresión durante mucho tiempo. Ese es el origen de la generación del 98, en un país deprimido que no es capaz de encontrarse a sí mismo. Es un volcán que está anunciando su entrada en erupción de un momento a otro y al que nadie le hace caso. El 36 ha tenido una importancia enorme en la historia de España, pero eso no quiere decir que no estuviera anunciado con anterioridad. Se veía venir. Todo eso lo relato dentro de un contexto más amplio, que es nuestra historia a partir de los conflictos del XIX, que desembocan en el XX y terminan creando la crisis actual, en el siglo XXI”.

“No busco aportar más luces a una investigación, sino un relato a partir de testimonios directos”

-¿Afrontar una historia de tan largo recorrido da vértigo o tuvo claro que ese era el decorado por el que tenia que transcurrir?
“El vértigo en la escritura siempre existe, pero si estás seguro de lo que quieres hacer, ese vértigo está bastante amortiguado. Esta historia la tengo clara desde hace muchísimos años y no hizo falta darle empujones. Parto de la base de que la escritura no es una cuestión de técnica, sino de sinceridad. A la pregunta de cómo había que escribir, Nietzsche respondía que a sangre. Que se vea que estás sangrando cuando escribes. Si en cambio se aprecia que has ido a un cursillo, que te han dicho dónde debes colocar las cosas, la carpintería, etcétera, eso termina notándose y no sirve”.

-Ahora que se cuestiona la Transición, el paso de la dictadura a la democracia tras la muerte de Franco, ¿qué opinión tiene de ella Julio Fajardo?
“Vivimos en una situación confusa, en la que se plantean dudas acerca de la Transición. Pero a mí eso no me sorprende, porque no es algo nuevo. Me presenté a las elecciones de 1979 y contribuí a la transición política. Me considero un testigo directo. Mientras estudiaba en Barcelona, tuve compañeros que se convirtieron en líderes de la Liga Comunista Revolucionaria, que no estaban a favor de la Transición e hicieron una apuesta total por la ruptura. Esos son los orígenes de los movimientos anticapitalistas de la actualidad. En 1980, un compañero mío, Arturo van den Eynde, fundador del Partido Obrero Revolucionario, un arquitecto buenísimo y padre de Andreu van den Eynde, el abogado penalista que defiende a Puigdemont y compañía en el procés, escribe un libro, Anticarrillo, que es clave para entender todo lo que pasa en España a partir de ese momento. Esto la gente no lo conoce. Cuestionar la Transición no es nada nuevo. No ha salido hace unos años de una plaza de Madrid, ni de una tienda de campaña, ni de una asamblea. Es algo que siempre ha estado latente. El pacto democrático incluyó la legalización del Partido Comunista de España (PCE) y su incorporación al proceso. El PCE representa el eurocomunismo y, también, el estalinismo, que fue denostado por una rama del marxismo, la que encabeza Trotsky. Desde esa perspectiva, Stalin y todo el estamento del Kremlin traicionaron a la revolución, pues se entiende que esta tiene que ser permanente, continúa, activa. Eso siempre ha estado ahí; en la España del año 1978 y en la España actual”.

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