Tenerife

El hotel que enseñó el camino del confinamiento

El hotel H-10 Costa Adeje Palace se convirtió en un gran laboratorio nacional para el tratamiento de los primeros contagios por COVID-19. Sergio Méndez

Hace unos días, en una tertulia radiofónica nacional que repasaba las principales noticias del año, el conductor del programa preguntó a sus invitados en qué momento fueron conscientes de la gravedad del coronavirus. La mayoría de contertulios coincidió en su respuesta: “El día que confinaron el hotel de Tenerife”. Uno de ellos, incluso, fue más allá y recordó que aquella imagen de turistas con mascarillas asomados a los balcones y paseando entre las hamacas de la piscina “hizo saltar todas las alarmas, porque nunca se había cerrado un hotel lleno de turistas por una causa sanitaria”.

El H-10 Costa Adeje Palace, de cuatro estrellas, se situó bajo el gran foco mediático internacional desde que en la madrugada del 24 de febrero quedara cerrado a cal y canto después de que un médico italiano que disfrutaba de sus vacaciones en la Isla se infectara de COVID-19.

En una medida sin precedentes, que llegó a ser calificada de “exagerada” desde algunos sectores políticos y empresariales, las autoridades sanitarias decretaron el confinamiento del establecimiento ubicado en La Caleta de Adeje con más de 800 clientes y alrededor de medio centenar de empleados que trabajaban en ese momento en su interior.

El Archipiélago se acababa de recuperar de la mayor tormenta de arena que han sufrido las Islas en el último medio siglo y que obligó, 48 horas antes, al cierre de su red aeroportuaria durante varias horas. La atmósfera turbia, el paisaje tono sepia y el ambiente asfixiante no barruntaban las mejores noticias para una isla que acababa de celebrar el lunes de Carnaval y que quedaría en estado de shock. “Esta calima nunca se había visto antes, es como si anunciara el fin del mundo, da hasta miedo y no se puede ni salir a la calle, porque no se puede respirar”, se refería una vecina del sur de la Isla a la tormenta sahariana.

El primer positivo por COVID-19 en Tenerife y segundo de España -tres semanas después del caso de un turista alemán en Hermigua (La Gomera)-, activó todas las alarmas en un momento en que los contagios se propagaban sin control en Wuhan (China), foco inicial en el mundo, comenzaban a sacudir Italia y la Organización Mundial de la Salud meditaba si elevaba la epidemia a categoría de pandemia, una decisión que retrasaría casi 20 días más.

La expectación mediática se disparó y de la noche a la mañana se plantaron frente a la fachada del hotel, custodiado por un gran despliegue policial, una decena de cámaras de televisiones europeas, nacionales y locales apuntando con sus objetivos al hospital de campaña levantado en tiempo récord en la misma entrada al hall de recepción. Unidades móviles, radios, periódicos y digitales montaban guardia atentos a cualquier movimiento bajo las carpas sanitarias, en los balcones de las habitaciones -donde abundaban las miradas perdidas y se veía algún que otro pulgar hacia arriba- o en la entrada de empleados de refuerzo.

HOTEL ADEJE COVID
Personal sanitario y de seguridad a la puerta del establecimiento. SERGIO MÉNDEZ

SIETE POSITIVOS

Día tras día, desde que despuntaba el sol hasta que se escondía detrás de La Gomera, los medios de comunicación montábamos guardia en la puerta, mientras el edificio color teja al que miraba todo el mundo solo nos devolvía silencio (alterado a las horas en punto por el Himno de la Alegría que sonaba en el campanario de la iglesia de San Sebastián) y alguna que otra entrada y salida de vehículos policiales, ambulancias y camiones de reparto de comidas y bebidas. En su interior, conforme pasaban los días, comenzó un goteo de casos positivos, lo que hizo que se temiera lo peor, pero la cifra total de turistas afectados se detuvo en siete (seis ciudadanos italianos y una británica), un número que revela el acierto de la estrategia empleada para contener los contagios –separando los huéspedes sospechosos de los sanos- del equipo sanitario formado por 13 médicos, 42 enfermeros, 4 auxiliares administrativos y 10 técnicos de gestión logística a lo largo de los 14 días de aislamiento.

“Hemos sido una gran familia de casi mil miembros”, señaló, en sus primeras declaraciones en la misma puerta del hotel nada más finalizar el confinamiento, Jesús Oramas, director del hotel H10 Costa Adeje Palace, que destacó la profesionalidad del personal sanitario y de los trabajadores del complejo vacacional ante una situación inédita, así como las muestras de cariño de los huéspedes. “Ibas por los pasillos y los clientes te abrazaban, nos animaban y llorábamos juntos. ¡Venga, que esto no es nada, ya queda menos!”, nos decían. Entre los gestos que no olvidará el director del hotel ocupa un lugar especial los mensajes y dibujos pintados por los niños. “Cada día nos sorprendían con carteles de ánimo que pegaban en distintas zonas del hotel. Y también hicieron una cajita de cartón para depositar mensajes de apoyo para el equipo de trabajadores y sanitarios, pero al final lo que cayó dentro no fueron frases de aliento, sino dinero en señal de agradecimiento al personal. Se recaudaron más de 2.000 euros en dos días para una ONG”.

Otra imagen que dio la vuelta al mundo fue el momento de la salida del último grupo de huéspedes. De noche y en fila india abandonaron el establecimiento aplaudiendo a los trabajadores del hotel y al personal médico y de enfermería, que respondieron con más aplausos y algunas lágrimas. La estampa, que se viralizó en las redes sociales, corroboraba la irreprochable gestión de una lucha sin cuartel de dos semanas contra un poderoso enemigo invisible que ya comenzaba a carcomer Europa. “Ver la imagen de las personas aplaudiendo con emoción tras el fin de la cuarentena es el mejor reclamo turístico que puede haber”, llegó a afirmar en el Parlamento el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres.

HOTEL ADEJE COVID
Dos de los turistas confinados en el complejo hotelero. SERGIO MÉNDEZ

REPATRIACIONES

La coordinación de las salidas no resultó nada sencillo. Ultimar con embajadas y consulados el dispositivo gradual de evacuación de los huéspedes, de hasta 24 nacionalidades, generó numerosas complicaciones y propició retrasos a la hora de abandonar el hotel. “Cada Gobierno quería repatriar de una manera diferente y cuadrar con los cónsules desde el Ministerio de Sanidad hacia abajo no fue fácil”, reconoció la coordinadora general del dispositivo sanitario y directora médica de la Gerencia de Atención Primaria de Tenerife, Clara Gironés Bredy, que no olvidará –y así lo confesó a este periódico- “el mejor de los regalos que nos llevamos: la sonrisa de la gente y su mirada de confianza hacia nosotros”.

Marcela Posca Maina, directora del Servicio de Urgencias Canario en Santa Cruz de Tenerife, explicó que al principio reinaba un clima de cierto temor entre los coordinadores del operativo por el posible rechazo de los huéspedes hacia ellos a causa del confinamiento decretado. “Pero fue todo lo contrario. Pronto entendieron la situación y la relación fue muy fluida entre todos. Verlos salir aplaudiéndonos fue muy emocionante”, manifestó.

Ramón Pinto, director de Enfermería de Atención Primaria, sintetizó en dos palabras el estado anímico del colectivo que lidera: “Orgullo y felicidad”. De sus ojos se escapó alguna lágrima al despedirse del personal del hotel. “Lo pasaron muy mal, y tanto ellos como nosotros lo dimos todo, los equipos respondieron de forma maravillosa”, remarcó.

DEBATE

La medida de aislar el hotel abrió un debate político entre los partidarios de la decisión y quienes consideraban que cabían otras alternativas menos drásticas. En un artículo publicado en la revista científica Emergencias, los profesionales del Servicio Canario de la Salud y del Servicio Canario de Urgencias que participaron en la crisis señalaron que la cuarentena “se justificó como medida de salud pública, ya que el conocimiento sobre el agente infeccioso era escaso en el momento de dictar la orden de confinamiento”.

Además, manifestaron que “la gestión sentó un precedente sobre el uso de los hoteles como recursos asistenciales y de confinamiento de pacientes leves”. Para encontrar una situación parecida hay que remontarse a dos casos ocurridos en Hong Kong, en 2003 y 2009, durante la epidemia del coronavirus SARS y la gripe porcina (H1N1), respectivamente, que trajo como consecuencia una cuarentena de siete días para los clientes de los hoteles Metropole y Metropark.

El confinamiento del H-10 Costa Adeje Palace sirvió de laboratorio de ensayo nacional a la hora de atajar la propagación del SARS-CoV-2 y acabaría por enseñar el camino a España, que apenas tres semanas después decretaba el estado de alarma y encerraba a su población durante tres meses ante la rápida transmisión de la enfermedad y sus efectos letales sobre el sistema respiratorio, especialmente entre los mayores. Lo que vino después ya lo sabemos.

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