Cultura

“La cultura aborigen está ya felizmente liberada de leyendas, suposiciones y orígenes dudosos”

Antonio Tejera Gaspar, catedrático de arqueología, acaba de publicar ‘Guanches’. LECANARIEN EDICIONES

Antonio Tejera Gaspar, catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna (ULL), presenta estos días a los lectores Guanches (LeCanarien Ediciones), un volumen en el que, como él mismo explica en esta charla con DIARIO DE AVISOS, ha querido exponer una serie de aspectos que nos ayuden a formarnos una imagen, lo más fidedigna posible, de los antiguos pobladores de Tenerife. En esta entrevista, el Premio Canarias de Patrimonio Histórico en 2011 subraya el salto cualitativo que se ha dado en las últimas décadas en el conocimiento acerca de los primeros habitantes del Archipiélago, una investigación que, pese al consenso que hay en la mayoría de cuestiones, aún debe alcanzarlo en lo relativo a la época en la que se produjo -y cómo se produjo- el poblamiento.

-Presenta una nueva obra, Guanches, que se plantea como una síntesis del mundo indígena de Tenerife. ¿Cuál ha sido el objetivo -y también las dificultades- al abordar un trabajo de estas características?
“He pretendido dar una visión de conjunto de cómo fue la sociedad guanche hasta donde sabemos. Reunificar otros trabajos anteriores y darles una cierta continuidad. ¿Que faltan muchas cosas? Claro que sí. Pero ahí estaba la dificultad: buscar un equilibrio, una coherencia, un término medio en el que figurase lo fundamental. No se trataba de escribir un libro para investigadores, sino de aportarle a un lector medio, al conjunto de nuestra sociedad, elementos de agarre para adentrarse en el tema”.

-Es de suponer que al presentar desde el rigor un texto acerca del mundo guanche una de las primeras tareas es liberarlo de la mitología que se le ha ido agregando durante años. ¿Cuáles son las leyendas más arraigadas en torno a los guanches?
“Si alguien busca en este libro elementos relacionados con lo esotérico, no los encontrará. Hemos llegado ya a un momento en el que los guanches y el resto de culturas aborígenes de las Islas están felizmente liberadas de leyendas, suposiciones y orígenes dudosos. Contamos con hechos perfectamente fundamentados. Su origen norteafricano: son poblaciones emparentadas con los libios o libio-bereberes y, probablemente, están en el Archipiélago desde el siglo I de nuestra era. ¿Es posible que incluso antes? Lo es, pero no hallo ningún argumento para atribuirles una excesiva antigüedad. Nos podemos mover entre finales del siglo I a. C. y los primeros 50 años del siglo I d. C. En el tránsito de la era. En tiempos del emperador Augusto y el rey Juba II de Mauritania. Sabemos cuál era su lengua; cómo era su escritura, que la conocemos, por ejemplo, a través de los yacimientos en San Miguel de Abona, relacionada claramente con la de las otras islas y el norte de África; sus costumbres, sus formas de vida, sus manifestaciones religiosas, sus hechos materiales… Todo eso está hoy documentado”.

-Usted ha aludido a la necesidad de reevaluar, de analizar con las herramientas de hoy la investigación desarrollada sobre los antiguos moradores de las Islas.
“Tener una visión de conjunto es necesario, porque se ha avanzado mucho en ese conocimiento. Ahora es preciso que lo vertebremos de una manera ordenada, accesible. Un caso paradigmático es el del paisaje cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Muestra los conocimientos aislados que teníamos hace 15, 20 o más años y todos los extraordinarios descubrimientos que se han ido produciendo. Que en los años 80 se descubriera en Lanzarote y Fuerteventura un tipo de escritura distinta a la que conocemos como líbico-bereber es un hallazgo arqueológico importantísimo, que nos pone también en relación con el norte de África, con las zonas de Túnez, de Libia… Un tercer ejemplo: hoy contamos con restos de escritura líbico-bereber en todo el Archipiélago, incluida La Gomera, que ha sido la última isla en incorporarse con el hallazgo del yacimiento de Las Toscas del Guirre. Es otro hito arqueológico que nos permite confirmar todo lo anterior. Lo que habría que hacer ahora es contextualizar ese conocimiento en cada isla, pero también en la relación de unas con otras. Y no es fácil, porque hay que poner de acuerdo a mucha gente y las opiniones, como es lógico, no son siempre las mismas. No es sencillo, pero hay que hacerlo, y sé que la Administración está interesada en emprender ese camino. Desde que me reincorporé a la Universidad de La Laguna, en el curso 1979-1980, hasta hoy se ha dado un enorme salto cualitativo, y en esa labor hemos colaborado muchísimas personas”.

-¿Se ha avanzado en el consenso en la comunidad investigadora o queda mucho para acabar con las discrepancias?
“No todo el mundo opina igual, pero esas diferencias son relativamente escasas. Básicamente, las opiniones más discordantes tienen que ver con la época en la que se produce el poblamiento de Canarias. Hay colegas que piensan que es bastante más antiguo y aluden a la posible presencia de fenicios y púnicos en el Archipiélago, pero a mí me parece que eso no tiene ninguna base argumental. Por lo demás, todos coincidimos en la cultura material, las formas de vida… A lo mejor desde esas discordancias podemos alcanzar un acuerdo. O incluso soslayarlas. Partir de todos los elementos en los que tenemos una misma opinión para seguir avanzando”.

-En noviembre, TVE emitía el documental Las momias guanches con notable éxito de audiencia. ¿Hay un largo camino por recorrer en la divulgación?
“En esa experiencia colaboré a través de una entrevista, pues un porcentaje altísimo de la información que figura en el documental procede del libro La cueva de las mil momias, en el que participé. Ese audiovisual es un trabajo bastante digno, y estoy convencido de que hay muchos otros aspectos que suscitarían el interés de la gente. Por ejemplo, los que relacionan la naturaleza de las Islas con las manifestaciones religiosas y los espacios sagrados. En esa perspectiva el Teide es esencial. No solo en su vinculación con la cultura guanche, también con los majos de Fuerteventura, los gomeros, los benahoaritas de La Palma o los canarios de Gran Canaria. El Teide, con una singularidad extraordinaria en el medio geográfico, debió ser fundamental para las poblaciones aborígenes. Espacios naturales como la Caldera de Tejeda (Gran Canaria), las Cañadas del Teide (Tenerife), la Caldera de Taburiente (La Palma), la zona de Garajonay (La Gomera) o la Montaña de Tindaya (Fuerteventura) poseen un doble valor: son singulares desde el punto de vista de la naturaleza, pero también desde el arqueológico. Por ejemplo, la Caldera de Taburiente está relacionada arqueológicamente con el Teide. En el solsticio de invierno se aprecia cómo las más de 250 figuras de pies humanos que hay en la montaña de Tindaya están orientadas hacia el volcán de Tenerife. En el Garajonay, justo desde donde hay una vista del Teide espectacular, hay un yacimiento arqueológico. Qué casualidad que en la zona del Bentayga, en Gran Canaria, haya un espacio religioso, con el Roque Nublo delante y al fondo el Teide. Todo eso podría ser el material de un documental muy interesante”.

-¿Qué importancia revisten hallazgos como el de la Cueva Tiznada de La Palma, el primer yacimiento con pinturas rupestres de la isla?
“Aún no he tenido la oportunidad de hablar con Jorge Pais (inspector de Patrimonio del Cabildo de La Palma) ni con Nuria Álvarez (arqueóloga), por lo que solo poseo la información que ha salido en la prensa. En los años 80 se descubrieron en el Lomo de La Fajana (El Paso) unos grabados rupestres que se parecían muy poco a los motivos característicos de la isla: espiraliformes, circuliformes, meandriformes… Eso nos sorprendió en su momento, pero no resulta tan extraño. En la Cueva del Péndulo, en Gran Canaria, hay pinturas rupestres con figuras humanas, no con los habituales símbolos geométricos. En las faldas de las montañas de Lanzarote aparece una serie de canales también espectaculares, algo que se documenta por primera vez en la isla. En La Gomera prácticamente no se conocía escritura líbico-bereber y se descubre una cueva con escritura líbico-bereber que tiene más restos que ningún otro sitio de otras islas y que, además, cuenta con un agujero practicado expresamente para ver el Roque de Agando. De la noche a la mañana, donde no había, hubo. Tampoco en Tenerife había grabados rupestres y en 1980 dos vecinos de Guía de Isora se encontraron en Aripe con esa sorpresa. Así que tenemos que estar siempre con la mente abierta, porque los descubrimientos llegan en el momento más inesperado”.

-Usted recibió en 2011 el Premio Canarias de Patrimonio Histórico. Teniendo en cuenta ese reconocimiento, ¿cree que se ha mejorado en la preservación del patrimonio arqueológico?
“En general, sí que se ha producido esa sensibilización, aunque haya casos aislados de insensibilidad. En todas las islas existen grupos de aficionados a la arqueología que mantienen un extremo cuidado hacia todo lo que ven. Son personas que conocen cada territorio a la perfección y en numerosas ocasiones son las que encuentran los yacimientos. Se han convertido en lo mejores conservadores. Los medios de comunicación también representan un papel importante. Todo el esfuerzo que hagamos para sensibilizar a la ciudadanía sobre este patrimonio merece la pena”.

-Si de forma paulatina la ciencia va hallando respuestas a cómo era la vida de los guanches, ¿cuáles son en la actualidad las preguntas más pertinentes que debemos hacernos?
“La gran pregunta, como he apuntado, es la del poblamiento. Junto con Alicia García publiqué Bereberes contra Roma, y ahí exponemos la cuestión siguiendo lo que habían dicho los cronistas desde finales del siglo XVI. No se trata solo de nuestra opinión. Desde hace siglos se ha dicho que esas personas fueron traídas en época de los emperadores romanos Augusto y Tiberio, y que las islas estaban despobladas cuando llegaron. Si es imposible que lo hicieran por sus propios medios, la alternativa es que fueran trasladadas aquí mediante la navegación. Ya sea en época fenicia, desde el siglo VII a. C., o a partir de la presencia de los romanos en el norte de África, desde mediados del siglo II a. C. Si hablamos de gente que no sabe navegar, gente del norte de África que desconoce dónde están las islas, y que además se viene con cabras, ovejas, cerdos, perros…, no queda más remedio que pensar que los trajeron. ¿Quiénes poblaron, por ejemplo, las islas de Cabo Verde?, los portugueses. Las poblaciones de Senegal no pudieron hacerlo por sus propios medios. Ese es el único aspecto en el hay dificultades para el consenso. Pero esa aporía muchos la resolvimos. A esas personas las trajeron en un tiempo en el que los romanos conocían perfectamente Canarias. El texto de Plinio es de una claridad meridiana”.

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