Politica

Biden y Harris devuelven la ilusión a todos los demócratas del planeta

El nuevo presidente y vicepresidenta de los EE UU, Joe Biden y Kamala Harris, respectivamente./ Europa Press

Pese a los desesperados ataques de los enemigos de la libertad, evidenciados con el delirante golpe de estado que fracasó con un asalto del Capitolio tan ridículo como intencionado que acabó frenando el mísmisimo vicepresidente de Trump, Mike Pence, el principal representante de la democracia en todo el planeta, los Estados Unidos de América, envió ayer un mensaje de alivio para todos los amantes de la libertad y del respeto al adversario político con la proclamación de un tándem tan ecléctico como el conformado por Joe Biden y Kamala Harris al frente de la que sigue siendo la primera superpotencia mundial.

El principal arsenal nuclear del planeta y factor clave en toda relación planetaria (sea meramente comercial o directamente bélica) pasa a manos de un político clásico del Partido Demócrata, un contrapeso como vicepresidente a la revolucionaria elección presidencial de un afroamericano como Barack Obama, y que, a sus 78 años de edad , lleva como posible e insólito relevo a Kamala Harris, la primera mujer en ocupar no solo la Vicepresidencia de los Estados Unidos sino que también es la funcionaria mujer electa de más alto rango en la historia de los Estados Unidos y la primera vicepresidenta afroasiática americana.

Si Biden, hay que recordarlo, tiene que dejar el cargo por problemas de salud, Harris, con 56 años de edad, sería la primera mujer que ocupa la Casa Blanca, un factor nada despreciable a lo sucedido hoy en Estados Unidos.

Y si alguien espera un viraje de la superpotencia hacia lo que en Europa se entiende como izquierda o socialismo, mejor será que se ilustre convenientemente. Sencillamente, Biden es un político al uso de lo que siempre han sido los EE UU, más allá de que eligiera a Harris como efecto compensador de su target presidencial, al igual que él compensó a Obama, pero es inequívoco el mensaje de tranquilidad que trasmite al resto de los demócratas del planeta, aterrados ante el fortalecimiento de dictadores como Putin, la elección de fascistas como Bolsonaro o dinamitaciones internas de la Unión Europea como la acaecida con el bréxit.

En cuanto a Donald J. Trump, le retrata el hecho que ni siquiera asistiera al relevo del poder en la Casa Blanca. Tan chusco como su ejercicio del poder.

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