Sociedad

Más de cien migrantes son trasladados del Puerto de la Cruz a Las Raíces

Los migrantes que se marchaban ayer de la ciudad turística se despidieron de sus compañeros con gritos, apretones de manos y abrazos, y un “hasta mañana”, ya que hoy está previsto que también sean derivados a Las Raíces. Fran Pallero

Pese a las reticencias iniciales, porque no querían irse, se subieron a las dos guaguas de 55 plazas que los esperaban en la calle trasera con todas sus esperanzas, palabras de aliento de sus compañeros, abrazos, choque de manos, algún consejo y la mirada impávida de los vecinos de los edificios de la zona.
Fue suficiente una reunión previa con los representantes de Cruz Roja para que subieran a buscar sus cosas y emprender así una nueva etapa de un viaje que comenzó hace tres meses, según manifestaron algunos con resignación.

Desde el hotel del Puerto de la Cruz, ubicado en la avenida Familia Betancourt y Molina, en el que estuvieron alojados hasta ayer, los observaban diez pisos repletos de chicos asomados en los balcones.
Era imposible no hacerlo ante la gran concentración de gente, los gritos y el dispositivo policial que vigilaba que el traslado de más de cien migrantes al campamento de Las Raíces se hiciera de manera pacífica, sin contratiempos y con todas las medidas de seguridad. Y así fue.

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Cargaban bolsas de color transparente, atadas con hilos, en las que únicamente se veían ropa y zapatos. La mayoría llevaba encima mantas y gorros de lana ante la advertencia del intenso frío que reina en el lugar.
“Hasta mañana”, “hasta mañana”, le decían sus colegas a través de los cristales, ante la previsión de que otro centenar corra hoy la misma suerte.

Un grupo de exmonitoras de la ONG que estuvo trabajando con ellos desde su llegada al municipio denunció a este periódico las irregularidades que se cometen con las pruebas de edad y los países de origen, e insistieron en que los menores de edad deben ser trasladados a recursos de acogida del Gobierno canario para que reciban el trato que les corresponde.

Ayer, dos de ellas, Patricia López Perdigón y Diana García Carballo, quisieron despedirse de “sus chicos”. Al hacerlo, algunos no pudieron evitar las lágrimas, otros, por el contrario, las consolaban: “No problema, no preocuparse”, le decían a cada instante. Ellas lo intentaban, pero más de una vez tuvieron que darse la vuelta para no demostrarles su angustia. “Hay traslados que sabes que es para estar en un centro mejor, que se le van a proteger sus derechos y no tienes ese sentimiento de impotencia. Pero no es el caso”, dijo Patricia.

Patricia y Diana tienen temor a lo que pueda suceder hoy con el traslado del resto de migrantes que hay en el establecimiento, entre ellos 18 menores -uno se iba ayer- que se unirá al medio centenar que ya se encuentra en las instalaciones y cuya situación se trasladó la semana pasada a los eurodiputados que visitaron el complejo.

La Asamblea de Apoyo a Migrantes en Tenerife insiste en que esta estancia es “ilegal” y que las instituciones “no han hecho nada” por corregirla y derivarlos donde corresponde.
Según indicaron las monitoras, a estos menores no se les había realizado ninguna prueba y, además, no era necesario, al tener la partida de nacimiento que justifica su edad, de acuerdo a la información trasladada por la abogada que las asesora.

Fuentes de la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canarias apuntan a Europa Press que los traslados a los centros competen a la Policía Nacional, que, junto a la Fiscalía, se encargan de los trámites que acreditan su edad.

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