Sociedad

«Es importante visibilizar los problemas de salud mental; salva vidas»

Íñigo Errejón, portavoz de Más País en el Congreso de los Diputados, hizo especial hincapié en la necesidad de dar más atención a las enfermedades mentales.

Desde la Organización Mundial de la Salud estiman que cerca de un millón de personas se quita la vida al año en todo el mundo. Además, según los últimos datos publicados por la Clínica López Ibor, los fallecimientos por suicidio actualmente duplican a los accidentes de tráfico. Superan en 11 veces a los homicidios y en 80 a los de violencia de género. Solo en el año 2020 se han producido más de 3.600 casos de suicidio consumado y se han registrado unos 8.000 intentos en España.

José Luis es un tinerfeño de 49 años que admite “haber tenido suerte” pues gracias al apoyo de su familia logra dejar atrás una pesadilla: la de haberse intentado quitar la vida en varias ocasiones

– ¿Qué cree que pudo pasarle para que llegara a plantearse quitarse la vida?
“Hay episodios que marcaron mi niñez. Episodios vinculados a los abusos sexuales. Esto también es una lacra y una pandemia que deja secuelas muy importantes. Es algo que ocurre muchísimo y que se desconoce. Esto hace q tengas todas las papeletas para desarrollar baja autoestima, dificultades para gestionar las emociones, que desarrolles problemas de salud mental y trastornos de la personalidad y afectivos. Cada persona tiene recursos de autoprotección, pero sufrir abusos sexuales es una bomba de relojería, que explota antes o después. Yo sufrí abusos cuando era niño y empecé con el fracaso escolar. En el colegio no me integraba bien con el grupo, sentía que no encajaba, y empecé a tener pensamientos que no eran buenos. Con once o doce años empecé a escuchar voces tóxicas y agresivas en mi mente que se mezclaban con pensamientos negativos”.

– ¿Qué sentía?
“Me encontraba triste y solo, y eso es difícil de gestionar. Sentía mucho sufrimiento y la única salida que ves para terminar con ese dolor, que viene por cosas que has vivido y que te han marcado y que no sabes cómo gestionar es quitarte la vida. Consumar el suicidio es la máxima expresión del sufrimiento psíquico y emocional”.

-¿Cuándo fueron sus primeros intentos?
“Creo recordar que el primero fue sobre el año 2000 porque las primeras tentativas las frenaron mi familia y mi pareja por aquel entonces. Digo creo recordar porque no lo recuerdo bien. El ser humano tiene mecanismos de autoprotección y, sin darte cuenta, lo tratas de olvidar. Pero con los primeras tentativas ya era consciente de que yo no estaba bien, de que algo pasaba. Además, a partir del fallecimiento de mi padre, y la enfermedad y el fallecimiento de mi hermana, empeoré. No me pudieron ayudar y tuve cuatro ingresos hospitalarios”.

-En el último intento se volcaron sus familiares y amigos
“Sí. Sintieron que tenía un problema grave. Entre la confusión recuerdo que mucha gente me acompañó. Familiares y amigos. Es muy duro para ellos reconocer lo que he vivido y por lo que he pasado”.

-¿Reconocía que lo que le había pasado y lo que sentía no era normal?
“Claro, pero en el momento no eres capaz de denunciarlo. Quien logra contarlo suele hacerlo 30 ó 40 años después. Además, hay muchas voces que te dicen que no hagas daño, porque estas cosas suelen pasar en el entorno familiar. Yo lo conté hace poco, porque es ahora cuando me he sentido preparado. Ha sido el momento en el que mi mente y mi corazón han querido contarlo”.

-Por desgracia, su caso no suele ser habitual.
“Sí. Yo soy un privilegiado y siempre lo digo. Mi caso no es el único. La mayoría de las personas que se encuentran en esta situación no sabe que existen recursos y asociaciones que ayudan a salir de este agujero. Además, no te suelen hablar de recuperación, pero yo soy un ejemplo de que sí es posible. Ahora estoy estable. Sé que puedo recaer, como ocurre con cualquier enfermedad, pero estoy estable. Ya sé que existen esos recursos, me conozco y reconozco las señales. Además, hago voluntariado en la Entidad de Salud Mental La Palma e intento ayudar a otros”.

-Usted insiste en la necesidad de ofrecer ayuda, que esa ayuda sea accesible para todos
“Sí, totalmente. El tema es que cuando estás en ese túnel no ves la luz por ningún lado. Hay que hacer que la persona vea que hay un mundo lleno de cosas y no un árbol solitario. Hay cosas buenas y malas porque la vida no es un camino de rosas, pero si nos dan las herramientas, siempre podremos avanzar y, además estoy seguro de que bajarían los indicadores de suicidios”.

-¿Cuál es la mejor herramienta para afrontar este problema?
“Yo no soy ningún experto, pero la prevención es fundamental. La prevención salva vidas. Prevención por parte de las entidades de Salud pública y administraciones, así como de los medios de comunicación. Es clave en todos los sectores de la sociedad. Incluso en los colegios. Por desgracia no se va a llegar a todos los niños, pero hay que dotar a los adultos de mañana de herramientas para que no lleguen a eso”.

-¿Cree que los medios de comunicación deben dar más visibilidad a este problema?
“Informar sobre el suicidio está muy señalado y aunque se trabaja sobre ello, hay que seguir incidiendo. Hay que visibilizar los problemas de salud mental y echar abajo los mitos y prejuicios. Hay que informar desde el rigor. Los testimonios ayudan y hay que darlos a conocer porque no somos enfermos mentales. Tenemos un problema de salud mental y no hacemos daño al resto, sino a nosotros mismos, fundamentalmente”.

-¿Qué planes existen a nivel nacional?
“No existe un plan en sí, pero se está trabajando en ello. Esto es fundamental. Hay que integrar la prevención y la terapia psicológica dentro de la atención primaria. La terapia no puede ser solo para los que pueden costeársela. No se pueden esperar dos meses para ser atendido por un profesional de la psicología. Además, no hay que olvidar la medicación, que también es importante. Yo llevo 21 años medicándome y esto también me ha ayudado”.

-¿Se suele ir a la raíz del problema?
“Se combina la medicación y la terapia psicológica para poder ir al origen del problema, pero hay que hacer ‘trajes a medida’ y más ahora mismo, porque la pandemia ha agravado la salud mental de las personas. Hay mucha falta de afecto y de autoestima. También hay mucha soledad. Y hay personas más fuertes que otras. Gestionar las emociones no es fácil y para eso hay que normalizar la psicoterapia”.

-¿Qué mensaje lanzaría a las personas que se encuentran en esta situación de tristeza y dolor?
“Me gustaría que supieran que nunca hay que perder la esperanza, que hay conectar con la vida como dice el eslogan de la campaña sobre salud mental de la OMS de 2019: “Conecta con la vida”. Es necesario que pidan ayuda y que verbalicen el problema. Que si no les hacen caso, que sepan que hay un Teléfono de la Esperanza. Que hay asociaciones y mucha gente que les pueden ayudar, pero que es necesario que pidan ayuda. Además pueden acudir a la Federación de Salud Mental España y Salud Mental Canarias”. Siempre hay una luz y algo a lo que aferrarse. Lo que es irreversible es acabar con la vida. Ahí no hay vuelta atrás, pero el resto sí tiene solución. Yo he puesto mucho de mi parte y eso me ha ayudado. Soy un privilegiado y me gustaría que hubiese más privilegiados como yo y que lo podamos contar”.

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