Sucesos

«Me voy a ir lejos y no vas a volver a verlas»

Embarcación de recreo en la que fue visto Tomás por última vez y en la que se halló un rastro de sangre que se está analizando en un laboratorio de la Península. SERGIO MÉNDEZ

Tomás Antonio Gimeno, el padre que desapareció junto a sus dos hijas pequeñas el pasado martes en un caso que el Juzgado de Instrucción Número 3 de Güímar instruye como un presunto secuestro parental, insistió a la madre durante las conversaciones telefónicas que mantuvieron esa noche en transmitirle un terrible mensaje: “Me voy a ir lejos y no vas a volver a ver a las niñas“.

Así declaró la mujer ante la Guardia Civil sobre estas ausencias, que mantienen en vilo a todo el país y que ha calado hondo, sobre todo, en la opinión pública de Canarias, hasta donde se han desplazado especialistas de la UCO con experiencia estas desapariciones de alto riesgo para reforzar el trabajo que sus compañeros de la Comandancia provincial tinerfeña llevan a cabo desde que se tuvo conocimiento del suceso. La búsqueda de las dos pequeñas se realiza por tierra, mar y aire, hasta ahora sin dar con su paradero pese a los avances logrados en la investigación.

La madre ha explicado que, cuando ese día fue a buscar a las niñas, como había acordado con el padre, no encontró a nadie en la vivienda de este ubicada en Igueste de Candelaria, pero no se preocupó al disculparse su expareja por vía telefónica del retraso. Eran las nueve de la noche del martes. Lo que no podía saber la madre es que en la siguiente ocasión que volvería a tener noticias, Tomás, en un tono bien distinto, la amenazaría reiteradamente con llevarse para siempre a las pequeñas Anna y Olivia, de apenas uno y seis años de edad.

“A las 22.00 no habían llegado y volví a llamar a Tomás. Esta vez me contestó de otra forma, mas distante y desagradable, me dijo abruptamente: ‘No vas a volver a ver a las niñas jamás. Tampoco a mí. Yo me haré cargo de ellas para que estén bien cuidadas, no te preocupes, pero no vas a tener noticias nuestras jamás”, relató una madre que, sin duda, sufre con el paso de cada hora en que se prolonga la ausencia de sus niñas.

“Me fui inmediatamente al cuartel de la Guardia Civil de Radazul para denunciar lo que estaba sucediendo. Desde allí, antes de entrar desde el coche, volví a llamar a Tomás. Serían las 22.30 de la noche no lo puedo asegurar. Me cogió el teléfono y me respondió lo mismo que en la llamada anterior, que no iba a saber de ellos nunca jamás y vuelve a colgar”, continuó la madre.

Después de poner la denuncia, tuvo lugar la que sería última conversación entre Tomás y la madre de las niñas hasta el día de hoy: “Pude contactar con él otra vez sobre la 1.30 de la madrugada. Esta vez hablamos largo y tendido de nosotros, de nuestra relación, pero la comunicación terminó con el mismo mensaje: ‘Me voy a ir lejos y no vas a volver a ver a las niñas’, y colgó”.

Hay que tener en cuenta que, mientras tenían lugar dichas conversaciones telefónicas, el padre fue grabado en la Marina portuaria capitalina sin las niñas y subiendo bultos a una embarcación de recreo de su propiedad, en la que zarpó para regresar al poco hasta que, finalmente y tras comprar un cargador para la batería del teléfono móvil y tabaco, abandonó el lugar sin rumbo conocido. No solo están las imágenes, sino que un vigilante fue testigo de estas idas y venidas.

Al día siguiente, dicha embarcación de recreo, de unos seis metros de eslora y dotada con un pequeño camarote, fue encontrada a la deriva y sin nadie a bordo frente al litoral del Puertito de Güímar. Desde el entorno de Tomás se sostiene que, en los últimos días, habría retirado una importante cantidad de dinero (cerca de 70.000 euros), lo que cuadraría con la hipótesis de que el padre se habría fugado con las niñas, sin que se descarte incluso que para ello hicieran transbordo a un velero en alta mar. De cualquier modo, los investigadores, que han reclamado información a distintas entidades bancarias para comprobar la veracidad y el volumen exacto de esa retirada de fondos, siguen sin descartar ninguna de sus principales líneas de trabajo, aunque es cierto que el inicial pesimismo ha remitido en parte con el paso de los días.

Sea como fuere, la búsqueda es frenética, conscientes de que el paso del tiempo no ayuda, por lo habitual, al feliz desenlace de este tipo de casos. Los trabajos se llevan a cabo tanto en el mar, con el incesante rastreo de prácticamente todo el litoral de la vertiente este de Tenerife, como en tierra. donde se suceden los registros en las propiedades de Tomás y su familia, además de investigar a fondo en su entorno, ya que, si realmente estamos ante un secuestro planificado, la puesta en práctica requiere inexcusablemente de, al menos, la intervención de un cómplice que, por ejemplo, se hiciera cargo de las niñas durante el trasiego de los bultos en la Marina santacrucera y, desde luego, si finalmente ha escondido a las niñas o las ha sacado de la Isla. Por si acaso, la zona de búsqueda se ha extendido al resto de la provincia tinerfeña.

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