Sociedad

“Necesito trabajar; no sé qué presente voy a tener y, mucho menos, qué futuro”

Ana paga 500 euros de alquiler y solo puede optar a una ayuda de 225 euros. Foto: Sergio Méndez

Ana es el claro ejemplo de la situación de crisis en la que ahora mismo estamos inmersos y de que la vida nos puede cambiar de un momento a otro. Tiene 33 años, un niño de cinco y una niña de trece.

Hasta ahora trabajaba limpiando en un centro de menores los fines de semana pero se le ha acabado el contrato. En agosto ya no podrá pagar el alquiler. Está desesperada y en su forma de hablar se puede ver. Pasa gran parte de los días buscando empleo y haciendo entrevistas pero, hasta ahora, no ha tenido suerte.

Trabajos temporales y contratos para cubrir bajas y vacaciones. Así son los puestos que ha ido encadenado esta joven durante los últimos meses.

Los nervios y la ansiedad no la dejan apenas dormir. Dice que “ya no puede más”, que necesita que su vida “empiece a cambiar”.

La única ayuda a la que ahora puede optar son 225 euros durante tres meses. ¿El motivo? Haber estado trabajando a media jornada. Paga 500 euros de alquiler al mes. Las cuentas no le salen.

A su situación se suman las deudas. “Las contraje con mi exmarido durante el matrimonio. Me divorcié hace año y medio, y la verdad es que cuando se fue me dejó en una situación muy vulnerable. Se llevó el coche, que está a mi nombre, y ahora no lo paga”.

Tuvo que comprarse uno de segunda mano con el poco dinero que tenía ahorrado y gracias a los “favores de la gente”, para poder desplazarse y trabajar. Si no tuviese medio de transporte sería más complicado aún que la llamaran.

LAS AYUDAS PEDIDAS

Ana ha tocado todas las puertas en su incesante labor por mejorar su situación. En marzo acudió a los Servicios Sociales, en Santa Cruz, y pidió ayuda para alimentos. También, las ayudas al alquiler y la luz que da el Ayuntamiento a personas en esta situación, sin recursos. Esta ayuda le permitirían pagar cuatro mensualidades del piso y cuatro recibos de la luz. Aún no le han llegado.

En abril también solicitó la ayuda del Gobierno de Canarias para hacer frente al alquiler pero comenta que “aún no se sabe nada”.

Además le denegaron el Ingreso Mínimo Vital porque en 2019, cuando aún vivía con su pareja, no estaba en una situación de vulnerabilidad. Este era uno de los requisitos.

Rompe a llorar contando cómo lo está pasando. No tiene consuelo. Habla nerviosa y se agobia pensando en sus hijos y en cómo va a salir hacia adelante si no encuentra un trabajo pronto. El tiempo le preocupa.

“Necesito volver a ser yo. Me cuesta tener fe, pero necesito empezar a trabajar para tener un presente. Es duro, pero ahora mismo no sé qué presente voy a tener y, mucho menos, qué futuro”.

“Sé que las cosas están mal, pero necesito, por mis hijos, tener estabilidad económica. Yo me considero buena madre. Mis hijos tienen estabilidad emocional y no quiero que les falte nada. Solo pido un sueldo digno que me permita salir de esta situación” dice mientras llora.

Ganas e ilusión por salir adelante no le faltan, pero reconoce que no todos los días despierta igual. Dice que la situación le tiene agotada y que, en muchas ocasiones, se le cae el mundo encima.

Es verdad que Ana no ha podido estudiar porque, a pesar de ser tan joven, no ha tenido una vida fácil. Pero tiene bastante experiencia. Ha trabajado en supermercados, bares, de auxiliar administrativo, cuidando niños y limpiando. Ha sido monitora de tiempo libre en colegios y comedores. Lleva desde los dieciséis años trabajando.

Quizás muchos se pregunten si no tiene familia a la que acudir. No, no tiene casi familia. Sus padres estaban enfermos y se crió con una tía. Es pensionista y con lo que cobra,no puede ayudarle económicamente.

SU PETICIÓN

“Ojalá alguien me escuche y me ofrezca un trabajo digno. Solo pido eso, porque hay gente que me ha ofrecido hasta servicios sexuales a cambio de dinero”, relata Ana.

“Solo pido una oportunidad de empleo, un empleo digno para pagar el alquiler. Sueño con poder llevar a mis hijos a merendar. Un capricho que para el resto del mundo es algo normal, pero que yo, ahora mismo, no puedo ni pensarlo”, concluye.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba